«Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo» (Lucas 2: 12).
LE OCURRIÓ a una muchacha de tu edad, pero no te voy a decir el nombre para que no te burles de ella, pobrecita. Era Nochebuena y, como acostumbraban en su familia, a las doce de la noche se sentaron en la sala para entregarse los regalos de Navidad. Ella, ansiosa por saber qué le habían comprado, empezó a abrir frenéticamente todos los regalos que llevaran su nombre, como si allí mismo se fuera a acabar el mundo. Le habían comprado un notebook, un reloj, una cartera, una bufanda… Hasta ahí todo bien, todos los regalos le habían gustado. Pero, de pronto, desempaquetó uno muy extraño: un gato chino de esos que mueven una patita arriba y abajo. «Qué horror de regalo», pensó.
Como el gato chino le pareció tan feo y tan inútil, la protagonista de nuestra historia ni siquiera preguntó quién se lo había regalado, y mucho menos se le ocurrió dar las gracias por él. ¿Sabes qué hizo con el gato chino? Lo tiró directamente a la basura. Así como lo oyes. Es más, al día siguiente, cuando vio de nuevo el gato en el cubo de la basura, pensó: «Qué tontería de regalo, menos mal que me deshice de él».
Seis meses después, en junio, era su cumpleaños, y toda la familia estaba invitada a comer. De pronto, a la mesa, su tío le preguntó: «¿Qué has hecho con los cien dólares que había en tu regalo de Navidad? ¿Te gustó el detalle de esconderlos dentro del gato chino?». ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Cien quéeeee?! Te podrás imaginar cómo se sintió nuestra amiga.
¿Sabes? Mucha gente no valora el regalo que Dios nos hizo por medio de Jesús. Aunque la celebración de la Nochebuena es algo simbólico, porque Jesús no nació realmente un 24 de diciembre, nos viene bien recordar que recibimos hace más de dos mil años el regalo más importante de la historia. Me temo que no lo valoramos lo suficiente. A lo mejor no lo tiramos a la basura, pero tampoco le damos el valor que tiene. Por eso hoy, aprovechando que el mundo celebra que Jesús nació como niño, te pido que dediques unos minutos a valorar ese regalo. Dale a Jesús el lugar que le corresponde en tu vida: el más importante.
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Lecturas Devocionales Para Menores 2017.
“SALTA”
Por: Patricia Navarro de Márquez.
