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«A los que salgan vencedores les daré a comer del maná que está escondido;
y les daré también una piedra blanca, en la que está escrito un nombre nuevo
que nadie conoce sino quien lo recibe» (Apocalipsis 2: 17).
Si estuvieras planificando una cena especial, y la lista de invitados incluyera a las siguientes personas, ¿cuánta comida tendrías que preparar? A la cena asistirían: Martin Clifford, Harry Clifton, Clifford Clive, Alan Cobham, Owen Conquest, Gordon Conway, Harry Dorian, Frank Drake, Freeman Fox, Hamilton Greening, Cecil Herber, Prosper Howard, Robert Jennings, Gillingham Jones, T. Harcourt Llewelyn, Clifford Owen, Ralph Redway, Ridley Red-way, Frank Richards, Hilda Richards, Raleigh Robins, Robert Rogers, Eric Stanhope, Robert Stanley, Nigel Wallace y Talbot Wynard. Para alimentar a tanta gente haría falta un montón de comida, ¿verdad? ¡Pues no! Por muy extraño que parezca, todos los nombres que he mencionado son la misma persona: Charles Harold Saint John Hamilton. Ignoro por qué el señor Hamilton decidió usar tantos seudónimos para los más de cinco mil relatos infantiles que escribió entre 1906 y 1940, pero eso fue lo que hizo.
Hay muchas razones por las que los escritores escogen firmar sus obras con un nombre diferente a su verdadero nombre. A veces no quieren que la gente sepa su verdadera identidad. Otras veces, la editorial siente temor de que se publiquen demasiados libros a la vez de un mismo autor. Supe de un escritor que usa diferentes seudónimos para que se puedan organizar sus libros en la biblioteca de manera más sencilla: un nombre para sus novelas de misterio, otro para sus biografías, etcétera.
Mucha gente piensa en cambiarse el nombre en algún momento de su vida. Judit quisiera llamarse Jennifer, Rebeca piensa que sería más bonito llamarse Rosana, a Jaime le gustaría llamarse Jacobo porque le parece más varonil…
Una vez yo me imaginé que me llamaba Isabela, como un personaje de un libro que leí. Aunque hay personas que llevan adelante el proceso legal de cambiar de nombre, la mayoría superamos esa idea con el tiempo.
Si decidimos seguir el camino de Dios, algún día tendremos un nombre nuevo. Este nombre nuevo nos describirá perfectamente, pues Dios mismo lo escogerá para nosotros. No te pierdas ese acontecimiento en el que sabrás cuál será el nuevo nombre que Jesús tiene para ti.
Tomado de: Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo
