«Después tomaron el cuerpo de Absalón, lo tiraron en un hoyo grande que había en el bosque, y sobre su cadáver amontonaron muchísimas piedras». 2 Samuel 18: 17, NVI
David y toda su compañía de guerreros y estadistas, ancianos y jóvenes, mujeres y niños, cruzaron el profundo y caudaloso río de corriente rápida. […] El consejo de Husai había logrado su objeto, al proporcionar a David la oportunidad de escapar; pero no se podía refrenar mucho tiempo al príncipe temerario e impetuoso; y pronto emprendió la persecución de su padre. […]
La batalla se riñó en un bosque cercano al Jordán, donde las grandes fuerzas del ejército de Absalón no eran sino una desventaja para él. Entre las espesuras y los pantanos del bosque, estas tropas indisciplinadas se confundieron y se volvieron ingobernables. […] Viendo Absalón que la jornada estaba perdida, se dio vuelta para huir, pero se le trabó la cabeza entre dos ramas de un árbol muy extendido, y su mula, saliéndose de debajo de él, lo dejó suspendido inerme, y presa fácil para sus enemigos. En esta condición lo encontró un soldado que, por no disgustar al rey, le perdonó la vida, pero informó a Joab de lo que había visto. Joab no se dejó refrenar por ningún escrúpulo. Él había tratado amistosamente a Absalón, y había logrado dos veces una reconciliación con David, pero su confianza había sido traicionada vergonzosamente. De no haber obtenido Absalón ventajas por la intercesión de Joab, esta rebelión, con todos sus horrores, no habría ocurrido. Ahora estaba en la mano de Joab destruir de un solo golpe al instigador de toda esta maldad. «Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón» (2 Sam. 18: 14).
Así perecieron los causantes de la rebelión en Israel. Ahitofel había muerto por su propia mano. Absalón, el de aspecto principesco, cuya hermosura gloriosa había sido el orgullo de Israel, había sido abatido en pleno vigor de la juventud, su cadáver arrojado a un hoyo y cubierto de un montón de piedras, en señal de oprobio eterno. Durante su vida Absalón se había construido un monumento costoso en el valle del rey, pero el único monumento que marcó su tumba fue aquel montón de piedras en el desierto.— Patriarcas y profetas, cap. 72, pp. 732-734.
www.meditacionesdiarias.com
https://www.facebook.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
