«Tampoco debe haber palabras indecentes,
conversaciones necias ni chistes groseros,
todo lo cual está fuera de lugar;
haya más bien acción de gracias».
Efesios 5:4, NVI
EL CARÁCTER DE UNA PERSONA puede apreciarse con exactitud por la naturaleza de su conversación. […] Las bromas pueden agradar a las mentes comunes y, sin embargo, esta clase de conducta ejerce una influencia destructiva para la espiritualidad. Les hablo colectiva e individualmente. Vigilen sus palabras. Que la sobriedad y un sabio uso del sentido común caractericen su conversación. No malgasten la pureza y la nobleza de su alma condescendiendo en participar en gastar bromas y en cultivar hábitos de conversación frívola.
El requerimiento de Dios es explícito en estos puntos, y presenta ante nosotros las obligaciones que nos asisten como hijos de Dios. La Palabra de Dios dice: «Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él» (Col. 3: 17, NVI). — Carta 2, 1895.
¡Qué maravilloso sería que nuestros jóvenes comprendieran el daño de la conversación necia, y corrigiera el hábito de hablar palabras ociosas! Que todo el que ha consentido en este pecado se arrepienta de él, lo confiese ante Dios y lo abandone. Al hablar palabras necias han deshonrado el nombre de Cristo, porque lo han representado mal en carácter. En sus labios no se encontró palabra de engaño, ninguna palabra de prevaricación o falsedad. El pueblo que se describe como formando parte de los 144.000 tiene el nombre del Padre escrito en su frente, y de ellos se dice: «En sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios» (Apoc. 14: 5) […]
¡Ojalá todos nuestros jóvenes formaran su carácter a la semejanza divina! — The Youth’s Instructor, 27 de junio de 1895.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

