lunes , 21 septiembre 2026
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Devocional Vespertino 2024

«UN HOGAR QUE DIOS PUEDA BENDECIR»

«Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto».   Génesis 18: 19, NVI

Un hombre es a la vista de Dios lo que es en su familia. La vida de Abraham, el amigo de Dios, estuvo señalada por el estricto cumplimiento de la palabra de Jehová. Cultivaba la religión del hogar. El temor de Dios llenaba su casa. El era el sacerdote de su hogar. Consideraba su familia como un depósito sagrado. Su casa constaba de más de mil miembros, y los dirigía a todos, padres e hijos, hacia el Soberano divino. No sufría opresión paterna por un lado ni desobediencia filial por el otro. Mediante la influencia combinada del amor y la justicia, gobernó su casa en el temor de Dios y el Señor dio testimonio de su lealtad.— Carta 144, 1902.

Él «mandará […] a su casa». No habría descuido pecaminoso en poner freno a las malas propensiones de sus hijos, ni favoritismo indulgente, necio y débil o renuncia a la convicción del deber a causa de un afecto mal entendido. Abraham no solo daría la instrucción apropiada, sino que mantendría la autoridad de las leyes justas y correctas.

Cuán pocos hay en nuestros días que siguen este ejemplo. De parte de demasiados padres hay un sentimentalismo ciego y egoísta que se manifiesta dejando a los hijos con sus juicios deformados y pasiones indisciplinadas, bajo el dominio de su propia voluntad. Esta es la peor crueldad que se le puede hacer a la juventud y un gran mal para el mundo. La indulgencia de los padres causa desorden en las familias y en la sociedad. Reafirma en la juventud el deseo de seguir las inclinaciones, en vez de someterse a los requerimientos divinos.— Manuscrito 22, 1904.

Tanto los padres como los hijos pertenecen a Dios para ser gobernados por él. Por una combinación de amor y autoridad, Abraham gobernó su hogar. La Palabra de Dios nos ha dado reglas para conducirnos. Estas reglas constituyen la norma de la cual no podemos desviarnos si hemos de mantenernos en el camino del Señor. La voluntad de Dios debe ocupar el primer lugar. No debemos preguntarnos lo que han hecho los demás, lo que pensarán mis parientes, o lo que dirán de mí si sigo por este camino, sino más bien: «¿Qué ha dicho Dios?». Ni padre ni hijo podrá verdaderamente prosperar en ningún camino, a menos que sea el camino del Señor.— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 517.

 

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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

 

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