«El que me ama, obedece mi palabra. Por eso, Dios lo amará» (Juan 14: 23, NBV).
Lágrimas de sudor comienzan a caerle por el rostro. Llevan horas y horas caminando sin parar. El joven Isaac va acompañando a su padre, que lo despertó muy temprano para ir a ofrecer un sacrificio al Señor. Isaac, como siempre, confía en su padre y lo obedece a la primera.
En un momento avanzado del camino, Isaac se da cuenta de algo importante: «Papá, veo que tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero?». «Dios lo proveerá», dice Abraham.
Cuando llegan a la cima del monte, Abraham explica que Isaac es el sacrificio que Dios ha pedido. ¡Isaac es el que debe ser sacrificado! ¿Qué crees que hace él cuando oye a Abraham decir eso? No protesta, no se rebela, no huye. Una vez más, confía en su padre y obedece.
Cuando Abraham alza el cuchillo para sacrificar a Isaac, una voz lo detiene. Es Jesús mismo, que le dice: «No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo» (Génesis 22: 12).
Isaac era un hijo obediente, porque confiaba en su padre y confiaba en Dios. Él te enseña que tú también puedes ser así.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
