jueves , 10 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2023

UN HEBREO EN ATENAS

Los judíos incrédulos  de Tesalónica, llenos de celo y odio hacia los apóstoles,  y no conformes  con  haberlos  ahuyentado   de su ciudad,  los siguieron  a Berea y despertaron  contra  ellos  las pasiones  excitables  de la clase inferior. Temiendo  que se hiciese violencia  a Pablo si permanecía allí, los hermanos  le enviaron  a Atenas, acompañado  por algunos  de los  bereanos  que acababan  de aceptar  la  fe.

De ciudad en ciudad  sufrían persecución  los maestros de la verdad. Los enemigos  de Cristo  no podían  impedir  el  progreso  del  evangelio; pero  sí, lograban  dificultar  extraordinariamente  la  obra de  los  apóstoles. Con todo, frente  a la oposición  y a los conflictos,  Pablo avanzaba firmemente,   determinado   a  realizar  el  propósito   de  Dios como  se  le había  revelado en la visión  de Jerusalén: »Ve, porque yo te tengo  que enviar  lejos a Los Gentiles».  Hechos 22:21 (Los hechos de los apóstoles, p. 189).

La ciudad de Atenas  era la metrópoli  del paganismo.  Allí Pablo  no se encontró  con un populacho  ignorante y crédulo  como en Listra, sino con  gente  famosa  por  su  inteligencia y cultura.  Por doquiera  se veían estatuas de sus dioses y de los héroes deificados  de la historia y la  poesía,  mientras  magníficas  esculturas  y  pinturas  representaban   la gloria nacional y el culto popular  de las deidades paganas. Los sentidos de la gente  se extasiaban  con  la  belleza y el esplendor  del  arte.  Por doquiera los santuarios y templos, que representaban  gastos  incalculables, levantaban  sus macizas formas.  Las victorias  de  las armas y los hechos  de hombres célebres eran conmemorados  mediante esculturas, altares e inscripciones. Todo esto convertía a Atenas en una vasta galería de arte.

Cuando  Pablo vio  la  hermosura  y grandeza  que  lo  rodeaban,  y la ciudad  enteramente  entregada  a la  idolatría,  su espíritu  se llenó de celo por  Dios, a quien  veía  deshonrado  por  todas  partes;  y su corazón  se llenó de compasión  por la gente de Atenas,  que, no obstante su cultura intelectual, no conocía  al  Dios verdadero  (Los hechos de los apóstoles, p.  190).

La  unión  con  Cristo  mediante  una  fe viviente  es  duradera;  toda otra unión  perecerá. Cristo  nos escogió  a nosotros  primero  pagando  un precio  infinito por nuestra  redención; y el verdadero  creyente  escoge  a Cristo  corno  el  primero,  el último  y el mejor en todo;  pero  esta unión tiene  su  precio.  El  ser  orgulloso   entra  en  una  unión  de  dependencia total. Todos  los que entran en esta unión han de sentir su necesidad de la sangre expiatoria  de Cristo. Han de experimentar un cambio de corazón. Han de  someter  su voluntad  a la  voluntad  de  Dios.  Se llevará  a cabo una obra  dolorosa  de desprendimiento tanto como  de acercamiento.  El orgullo,  el  egoísmo,  la  vanidad,  la  mundanalidad  -el  pecado en todas sus formas-  han de vencerse  si hemos de entrar en unión con Cristo. La razón  por  la que muchos  encuentran   la vida cristiana tan lamentablemente  dura y porque son tan veleidosos  y variables, es que procuran vincularse  a sí  mismos  con Cristo  sin haberse  primero  desprendido  de sus ídolos  acariciados  (Testimonios para la iglesia, t. 5, p.  214).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 10: «MISIÓN EN FAVOR DE LOS NO ALCANZADOS: Primera parte»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

 

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