«Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte».
Salmo 48: 14
Ninguna verdad se enseña en la Biblia con mayor claridad que aquella de que por medio de su Santo Espíritu Dios dirige especialmente a sus siervos en la tierra en los grandes movimientos en pro del adelanto de la obra de salvación. Los seres humanos son en manos de Dios instrumentos de los que él se vale para realizar sus fines de gracia y misericordia.— El conflicto de los siglos, cap. 20, p. 343.
Me siento animada y bendecida al comprender que el Dios de Israel sigue conduciendo a su pueblo y que continuará con él hasta el fin.
Si alguna vez hubo un tiempo cuando necesitamos la dirección especial del Espíritu Santo, ese tiempo es ahora. Necesitamos una consagración total. Ya es tiempo de que manifestemos ante el mundo el poder de Dios que obra en nuestras propias vidas.
El Señor desea que la obra de la proclamación del mensaje del tercer ángel sea llevada a cabo con una eficiencia cada vez mayor. Así como ha obrado en todas las épocas para dar victorias a su pueblo, también desea llevar en este tiempo a una triunfante culminación sus propósitos para la iglesia. Pide que sus santos creyentes avancen unidos, qué su poder aumente progresivamente, que de la fe pasen a una mayor seguridad y confianza en la verdad y la justicia de su causa.
Hemos de permanecer firmes como una roca en lo que respecta a los principios de la Palabra de Dios, y recordar que Dios está con nosotros para proporcionarnos poder a fin de enfrentar cada nueva experiencia. Debemos retener como algo sacratísimo la fe que ha sido establecida por la instrucción y la aprobación del Espíritu de Dios desde nuestra experiencia más temprana hasta el momento actual.
Tenemos que considerar como algo preciosísimo la obra que el Señor ha estado realizando por medio de su pueblo que guarda sus mandamientos, la cual, mediante el poder de su gracia, llegará a ser más fuerte y eficiente a medida que el tiempo avanza. El enemigo está procurando oscurecer el discernimiento del pueblo de Dios y debilitar su eficacia, pero si sus miembros trabajan siguiendo las directrices del Espíritu de Dios, él abrirá puertas de oportunidad delante de ellos. Su experiencia consistirá en un crecimiento constante, hasta que el Señor descienda del cielo con poder y gran gloria para poner sobre sus fieles el sello del triunfo final.— Mensajes selectos, t. 2, pp. 470, 471.
EL ESPIRITÚ DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
