Un estadio de fútbol

 

POR LA FE CONQUISTARON REINOS, HICIERON JUSTICIA Y ALCANZARON LO PROMETIDO (HEBREOS 11:33, NVI)

Las gradas abarrotadas se agitan enloquecidas. El ruido ensordecedor de la multitud se escucha a kilómetros de distancia. El olor del vasto lugar es una mezcla de sudor, gente amontonada y sangre. Mientras tanto, las banderas ondean con fuerza, los aplausos hipnotizan a quienes llegan. El espectáculo avanza sin que la pelota ruede.

Es un estadio sin fútbol, pero con una adrenalina aún mayor. Allí no se marcan goles, ni se levantan copas, ya que la forma y el color aplauden al vencedor que celebra su triunfo con sus musculosos brazos extendidos. Todos parecen descontrolados y sedientos de más espectáculos extraños que rozan lo macabro. Es el año 80 d.C.

Estamos en el Coliseo romano. Como punto histórico principal de Roma, la capital italiana, el mayor anfiteatro de la antigüedad sigue sorprendiendo a las generaciones. En esas arenas, los gladiadores ganaron y perdieron vidas; miles de animales fueron sacrificados; los cristianos mostraron su fe inquebrantable. Sin embargo, las mayores atrocidades que ocurrieron allí fueron contra los cristianos. Los emperadores romanos querían complacer a la multitud y veían el exterminio de los cristianos como un trampolín hacia la popularidad.

En esos escenarios inhumanos, los leones despedazaron familias; padres e hijos fueron incendiados vivos y se mostraron maldades sin precedentes en el escenario. Se estima que más de 500,000 personas y un millón de animales perdieron la vida allí.

Cuando estuve en las ruinas del Coliseo, no pude evitar preguntarme: «¿Por qué Dios permitió tanta crueldad?». En el cielo habrá mucha gente cuyo último recuerdo fue el martirio injusto, pero la eternidad valdrá más que cualquier persecución de este mundo. Hoy deberíamos estar muy agradecidos por tener la libertad de ser cristianos y adorar a Jesús públicamente. Un día entenderemos el porqué de lo macabro, de lo imposible, de poder creer contra personas transformadas por la cruz; pero mientras tanto, debemos aprovechar cada segundo y no esconder nuestra fe.

¿Pensaste alguna vez en lo que darían aquellos mártires por la libertad religiosa que tenemos hoy? ¿No estarían mucho más agradecidos que nosotros en nuestra comodidad? Aprovecha este día para honrar a nuestro amigo Jesús, que te ama más que a nada.

Y la muerte de esos héroes no habrá sido en vano.

Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca

Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez

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