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«El acusador se alejó de la presencia del Señor, y envió sobre Job una terrible enfermedad de la piel que lo cubrió de pies a cabeza» (Job 2: 7).
Los despertaron los fuertes golpes en la puerta de entrada de nuestra casa. Greg se levantó como un acelerado y bajó las escaleras atropelladamente. En la puerta había un hombre uniformado con una libretita en la mano. Detrás de él, una grúa con las luces intermitentes.
-«Estoy aquí para llevarme su auto —dijo el hombre-. Hace más de un año que ustedes no pagan la letra.
-¡Debieron haber pagado sus facturas!» Nos quedamos sin palabras. Nunca habíamos dejado de ni una sola mensualidad, es más, hacía menos de un año que lo habíamos comprado.El comprobó los papeles una vez más y miró la dirección. Sin duda, estaba en el lugar correcto. «Tengo que llevarme su auto», dijo de nuevo, pidiéndonos disculpas. Fue entonces cuando me di cuenta de que la marca y el modelo del auto no coincidían. Parece que el auto que aquel hombre era de los antiguos inquilinos de nuestra casa. Ante el error, el hombre escribió algo en su libretita y nosotros recuperamos nuestro estatus de personas que pagan sus deudas.
Es horrible ser acusado de algo que no has hecho, y eso es lo que le pasa también a Dios.Piensa en todas las cosas de las que acusamos a Dios diariamente, por la simple razón de que él el poder de impedir que pasen y no lo hace. Lo acusamos de todas las malas decisiones que tonarnos, de los errores de los demás, de las consecuencias de nuestros pecados… Es más, lo culparnos por las cosas que hace Satanás. Incluso en el libro de Job, cuando Satanás es claramente el que le causa dolor al patriarca, Job cuestiona a Dios.
Un profesor que tuve en la universidad nos enseñó que cuando nos sintamos tentados a culpar a Dios de algo, digamos más bien: «Un enemigo ha hecho esto».Cuando vemos a gente afectada por incendios, inundaciones, desempleo, enfermedad, problemas e incluso la muerte, a menudo culpamos a Dios cuando en realidad deberíamos culpar al enemigo. Él es el que causa el sufrimiento y la muerte, no Dios, El enemigo es el responsable de todo lo malo y lo ha desde el principio.
La próxima vez que algo en tu vida vaya mal resiste la tentación de culpar a Dios, cuya única responsabilidad es la de haberte dado la libertad de tomar tus propias decisiones. El resto de la culpa de nuestras caídas y de nuestras malas decisiones la tiene el enemigo. Así que culpa a quien realmente tiene la culpa. En lugar de acusar a Dios, aprende decit «Un enemigo ha hecho esto».
#MatinalDeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
TOMADO DE:
Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN”
Por: Melissa & Greg Howell Seth Pierce.

Los despertaron los fuertes golpes en la puerta de entrada de nuestra casa. Greg se levantó como un acelerado y bajó las escaleras atropelladamente. En la puerta había un hombre uniformado con una libretita en la mano. Detrás de él, una grúa con las luces intermitentes.