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Devocion Familiar 2018

Un Dios que no se adormece ni duerme

<<Por cierto, no se adormecer ni  dormir el que guarda a Israel>>. Salmo 121: 4

EN UNA DE LA PRINCIPALES PLAZAS DE TOKIO hay una enorme estatura de Buda. De ella, dos detalles sobresalen: este con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Todo el mundo sabe que ese dios no está durmiendo sino solo meditando, pero, sea como fuere, permanece con los ojos cerrados. Sin embargo, nuestro versículo nos habla de un Dios que siempre está vigilante, siempre con los ojos abiertos. <<No se adormecer ni dormir el que guarda a Israel>>.

Los peregrinos que se dirigían anualmente a Jerusalén para participar de las fiestas, cantaban este salmo mientras iban por el camino. Hoy, este salmo es conocido como el <<Salmo de los viajeros>>. Todo el cántico habla de lo que el Salmista espera de su Dios a lo largo del viaje, pero el versículo 4 expresa el porque de la confianza.

Tenemos un Dios que se preocupa por cada uno de sus hijos. Conoce nuestra entrada y nuestra salida. Será nuestra sombra  a nuestra derecha. No dejará vacilar nuestro pie; el Sol no nos incomodar de día ni la Luna de noche, porque nuestro Dios esta por encima de todos esos dioses. No es simplemente un gran hombre que pasa por la historia, no es simplemente una filosofía de vida o una estatua de mármol. Es un Dios personal que se interesa por los detalles de mi vida, que ve mis lágrimas, se regocija con mis alegrías y se entristece con mis penas. Sufre, cuando en nuestra humanidad, tratamos de arrojado de arrojado de la experiencia, porque nos ama y porque lo que más desea es que vivamos una vida diaria de comunión personal.

Tal vez en este momento aparezcan en tu corazón preguntas como: <<Si Dios esta siempre vigilante, ¿Dónde estaba él cuando todo eso sucedió?>>

Dios se hizo hombre para poder entender mejor nuestra humanidad y responder a nuestras inquietudes. No necesitaba hacerlo, porque era Dios, pero, además de salvarnos, era necesario sacarnos las dudas de nuestra cabeza. Se hizo hombre y murió en la cruz, y en los dolores de la agonía también clama: <<Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?>>. (Mat. 27: 46)

¿Donde estaba el Padre cuando, en esa tarde de viernes, sucedió toda la tragedia? Si

él nunca se adormece ni duerme, ¿por qué no intervino para proteger la vida de su Hijo?

No estoy tratando de inducirte a que <<tapes el Sol con una mano>>, ni a que <<entristeces la cabeza como el avestruz>> No. Simplemente estoy mostrándote que por detrás de todo sufrimiento humano hay un propósito redentor o educador, que solo el tiempo se encargara de revelamos.

Confía en Dios, aunque las lágrimas te impidan verlo.

 

MatinalFamiliar
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón

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