UN DIEZMO HONESTO, O FIEL

No es propósito  de Dios  que los cristianos, cuyos privilegios  exceden  por  mucho  a  los  de  la  nación judía,  den  menos  liberalmente que los judíos. «A cualquiera que fue dado mucho  -declaró el Salvador-, mucho  será vuelto  a demandar de él».  Lucas  12:48.  La liberalidad que se requería  de los hebreos  era en gran parte para  beneficio  de su propia nación;  hoy la obra de Dios abarca toda la tierra.  Cristo confió  los tesoros del evangelio  a las manos  de sus seguidores, y les impuso la responsabilidad  de dar las alegres  nuevas  de la salvación  al mundo. Nuestras obligaciones son  por  cierto  mucho  mayores  que  las del  antiguo  Israel (Los hechos de los apóstoles,  p. 272).

Cada  bendición  que  se nos concede  demanda una respuesta  hacia el  Autor  de todos  los dones  de  la gracia.  El  cristiano  debiera  repasar muchas veces su vida pasada, y recordar con gratitud las preciosas liberaciones que  Dios ha obrado  en su favor, sosteniéndole en la tentación, abriéndole  caminos  cuando  todo parecía  tinieblas  y obstáculos, y dándole  nuevas fuerzas  cuando  estaba por desmayar.  Debiera  reconocer todo  esto como  pruebas  de  la protección  de  los ángeles  celestiales.  En vista  de  estas  innumerables  bendiciones   debiera   preguntarse   muchas veces  con corazón  humilde  y agradecido:  «¿Qué  pagaré  a Jehová  por todos  sus  beneficios   para  conmigo?»   Salmo 116: 12  (Historia de  los patriarcas  y profetas,  p.   185).

Lo  que  cada   mayordomo  debe   comprender  a  medida   que   se esfuerza  por dar a conocer  la  gloria  de Dios en nuestro  mundo,  ya sea que  se encuentre  ante  infieles  o príncipes,  es  que  debe  hacer  de  Dios lo  primero,  lo  último  y lo  mejor  en todas  las  cosas.  El  verdadero  cristiano  comprende  que  tiene  derecho  a llevar  tal  nombre  únicamente  en la  medida  en que  eleve  a Cristo  con  fuerza  constante,  perseverante y siempre  creciente …

«Ahora  bien, se requiere  de los administradores, que cada  uno sea hallado  fiel».  1 Corintios  4:2.  Cuando  seamos  fieles  en dar a conocer a Dios,  nuestros  impulsos estarán  bajo el  control  divino  y creceremos constantemente  tanto  espiritual   corno  intelectualmente.   Pero  cuando los hombres  se unen para exaltar  a los  hombres  y tienen poco que decir de Dios, se debilitan. Él abandonará a los que  no le reconocen  en todo esfuerzo   hecho  para  elevar  a  la  humanidad.  Solo  el  poder  de  Cristo puede  restaurar  la maquinaria humana descompuesta. En todo lugar, los que los rodeen vean que ustedes dan gloria a Dios. Colóquese  el  hombre a la sombra  y permita  que Dios aparezca  como  la  única esperanza  de la raza  humana. Todo  hombre  debe  afianzarse en  la Roca eterna,  Cristo Jesús,  y entonces  se mantendrá en pie en medio  de la  tempestad  (Alza tus ojos, p. 79).

Dios prepara  la  mente  para  que pueda  reconocerlo como  el único que  es  capaz  de  ayudar  al  alma  que  se  esfuerza  y  lucha.  Educará  a todos los que se coloquen  bajo su bandera  para ser fieles  mayordomos de su gracia. El hombre no puede evidenciar  mayor debilidad que la de pensar que encontrará  más aceptación  ante  los hombres  excluyendo  a Dios. Dios debe aparecer  como supremo. La sabiduría del hombre más encumbrado  es locura para con Dios.

Dios ha dado  al  hombre principios  inmortales  ante los  cuales todo ser humano tendrá  que postrarse algún  día. Tenemos  verdades  que nos han sido confiadas.  Los rayos de esta luz no deben ocultarse  debajo  de un almud,  sino  que  han de alumbrar  a todos  los que  están  en  la casa (Alza tus ojos,  p.  79).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 3: «EL CONTRATO DEL DIEZMO»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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