«Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron». Romanos 5:12, NVI
CUANDO NUESTROS PRIMEROS PADRES fueron colocados en el bello jardín del Edén, fueron probados en su lealtad a Dios. Estaban en libertad de elegir servir a Dios, o por la desobediencia aliarse con el enemigo de Dios y de los seres humanos. Si ignoraban los mandatos de Dios y escuchaban la voz de Satanás, que habló a través de la serpiente, no solo perderían su derecho al Edén, sino a la vida misma.— The Bible Echo, 24 de julio de 1899.
La primera gran lección moral dada a Adán fue la de la abnegación. Las riendas del dominio propio fueron colocadas en sus manos. […]
A Adán y a Eva se les permitió participar de cada árbol del huerto, con excepción de uno. Había una sola prohibición. El árbol prohibido era tan atrayente y hermoso como cualquiera de los árboles del huerto. Se lo llamó el árbol del conocimiento, porque al participar de ese árbol, del cual Dios había dicho «no comerás» (Gén. 2: 17), tendrían un conocimiento del pecado y experimentarían la desobediencia.— The Review and Herald, 24 de febrero de 1874.
Con cuán intenso interés observó todo el universo el conflicto que había de decidir la posición de Adán y Eva. Cuán atentamente escucharon los ángeles las palabras de Satanás, el originador del pecado, ya que… ¡intentó que la ley de Dios no tuviera ningún efecto mediante su razonamiento engañoso! ¡Cuán ansiosamente esperaron para ver si la santa pareja sería engañada por el tentador y se rendiría a sus artificios! Se preguntaban: «¿Entregará a Satanás la santa pareja su fe y amor al Padre y al Hijo? ¿Aceptarán su falsedad como verdad?».— The Bible Echo, 24 de julio de 1899.
Adán y Eva se persuadieron de que un asunto tan pequeño como comer del fruto del árbol prohibido no podría resultar en una consecuencia tan terrible como Dios había declarado. Pero ese asunto pequeño era el pecado, la transgresión de la inmutable y santa ley de Dios, y abría las compuertas de la muerte y de indecibles penalidades para nuestro mundo. […] No estimemos al pecado como algo trivial.— The Review and Herald, 27 de marzo de 1888.
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Devocional Vespertino Para 2023.
«A FIN DE CONOCERLE»
Por: ELENA G. DE WHITE
Colaboradores: Ruben D. Salazar & Miguel Miguel
