domingo , 12 julio 2026
Notas de Ellen G. White

UN DÍA DE IGUALDAD

Los que participan del amor de Dios, mediante la recepción de la verdad, darán evidencia de esto haciendo esfuerzos fervientes y abnegados para dar el mensaje del amor de Dios a otros. Así son colaboradores con Cristo. El amor a Dios y el amor mutuo los une con Cristo mediante eslabones áureos. … Esta unión hace que fluyan al corazón continuamente ricos raudales del amor de Cristo, y luego fluyan nuevamente en amor hacia otros.

Las cualidades esenciales para conocer a Dios son las que señalan la plenitud del carácter de Cristo: su amor, su paciencia, su desinterés. Esos atributos se cultivan realizando actos bondadosos con un corazón bondadoso (A fin de conocerle, p. 11).

Cristo vino para dar al mundo un ejemplo de lo que podría ser la humanidad perfecta unida con la divinidad. Presentó al mundo una nueva fase de la grandeza cuando exhibió su misericordia, compasión y amor. Dio a los hombres una nueva interpretación de Dios. Como cabeza de la humanidad, enseñó a los hombres lecciones en la ciencia del gobierno divino, por las cuales reveló la rectitud de la reconciliación de la misericordia y la justicia (Mensajes selectos, t. 1, p. 305).

Cristo vino a enseñarnos no solamente lo que debemos saber y creer, sino también lo que debemos hacer al relacionarnos con Dios y nuestro prójimo. La regla de oro de la justicia requiere que hagamos con los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros: “Han sido adquiridos con la sangre del Salvador; han sido comprados por precio”.

En toda nuestra relación con nuestros prójimos, ya sean creyentes o no, debemos tratarlos como Cristo los trataría en nuestro lugar. Si es para nuestro bien presente y eterno obedecer la ley de Dios, será para su bien presente y eterno que lo hagan también (Cada día con Dios, p. 106).

El ministerio de Cristo estaba en notable contraste con el de los ancianos judíos… Para evitar el contacto con lo “inmundo”, se mantenían apartados no solo de los gentiles, sino de la mayoría de su propio pueblo, sin tratar de beneficiarlos ni de ganar su amistad… Su ejemplo estimulaba el egotismo y la intolerancia entre todas las clases del pueblo.

Jesús empezó la obra de reforma poniéndose en una relación de estrecha simpatía con la humanidad. Aunque manifestaba la mayor reverencia por la ley de Dios, reprendía la presuntuosa piedad de los fariseos, y trataba de libertar a la gente de las reglas sin sentido que la ligaban. Procuraba quebrantar las barreras que separaban las diferentes clases de la sociedad, a fin de unir a los hombres como hijos de una sola familia (El Deseado de todas las gentes, p. 124).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sábatica.
3er trimestre 2019 “SERVIR A LOS NECESITADOS
Lección 3: El sábado un día de Libertad
Colaboradores: Silvia Garcia & Luis Campoverde

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