Un comienzo difícil

 

Los capataces creyeron que su opresión venía de sus comisarios, y no del rey mismo; y se presentaron ante este con sus quejas. Su protesta fue recibida por Faraón con un denuesto: “Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos, y sacrifiquemos a Jehová”. Se les ordenó regresar a su trabajo, con la declaración de que de ninguna manera se aligerarían sus cargas. Al volver, encontraron a Moisés y a Aarón y clamaron ante ellos: “Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón y de sus siervos, dándoles el cuchillo en las manos para que nos maten”.

Cuando Moisés oyó estos reproches se afligió mucho. Los sufrimientos del pueblo habían aumentado en gran manera. Por toda la tierra se elevó un grito de desesperación de ancianos y jóvenes, y todos se unieron para culparlo a él por el desastroso cambio de su condición. Con amargura de alma Moisés clamó a Dios: “Señor ¿por qué afliges a este pueblo? ¿para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú tampoco has librado a tu pueblo”. La contestación fue: “Ahora verás lo que yo hará a Faraón; porque con mano fuerte los ha de dejar ir, y con mano fuerte los ha de echar de su tierra”. Otra vez le recordó el pacto hecho con sus padres, y le aseguró que sería cumplido (Historia de los patriarcas y profetas, p. 264).

La nación hebrea fue puesta en estrecha relación con Dios, como un pueblo peculiar, una nación santa. El Señor dio a lsrael evidencias de su presencia, para que temieran su nombre y obedecieran su voz, y para que reconocieran que los conducía a la tierra prometida. El poder de Dios, que se reveló de una manera tan asombrosa en su liberación de Egipto, fue manifestado de vez en cuando a lo largo de todo su viaje.

Y en estas manifestaciones y revelaciones Dios estaba levantando a Israel de una condición desmoralizada. Habían de efectuarse grandes cambios en este pueblo desorganizado; porque la opresión, la servidumbre y la asociación idólatra habían deformado sus hábitos, sus apetitos y su carácter.

El Señor había prometido a Israel que sí obedecían sus mandamientos, supliría sus necesidades con su poder milagroso. Pero los hebreos no estaban dispuestos a someterse a las instrucciones y restricciones del Señor. Ellos preferían seguir su propio camino. Deseaban seguir la dirección de sus propias mentes y ser controlados por su propio juicio.

El Señor oyó sus murmuraciones, y la presencia divina se reveló de un modo tan notable que tuvieron miedo. Se oyó una voz procedente de la gloria, que ordenaba a Moisés y a Aarón acercarse a la columna de nube donde Cristo estaba envuelto. Y el Señor habló con Moisés y Aarón, y los israelitas oyeron su voz que les decía que había oído sus murmuraciones. . . En todo su trato con ellos, Dios procuraba enseñar a su pueblo que no era a Moisés a quien culpaban, sino que sus murmuraciones iban dirigidas contra su divino Líder (The Signs of the Times, 19 de julio, 1 899, parr. l -4).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 3: «UN COMIENZO DIFICIL»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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