jueves , 24 septiembre 2026
Matinal Para Damas 2017

Un Cántico Nuevo

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«Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová» (Salmo 40: 3).
Abrí el cajón de las hortalizas de la nevera y un aroma inusual fluyó hacia mi nariz. «Tendré que revisar eso pronto», me dije, Apresuradamente, saqué los ingredientes para la ensalada y me puse a preparar la comida. La tarde Siguiente al abrir el cajón de las hortalizas, me asaltó un fuerte hedor. Retiré las zanahorias y la lechuga. Luego el pepino y el apio. Tras ellos, el brócoli, la coliflor y la jícama. En el fondo yacía una bolsa con tres cebolletas podridas. Yo había usado la mayor parte de las cebolletas que había comprado, pero me había olvidado del resto. Las había empujado hacia atrás y ocultado detrás de las demás hortalizas. Cuando saqué la bolsa, se abrieron sus pliegues y se esparció el olor a cebolleta podrida. Manteniendo la bolsa a una distancia prudencial, me precipité al cubo de basura exterior y deposité en él los repugnantes restos semilíquidos de las tres cebolletas.
Unos días más tarde, leí el Salmo 40. La expresión «cántico nuevo» del versículo 3 me llamó la atención. «¿Por qué un «cántico nuevo»?», me pregunté. Indagué el significado de la palabra hebrea: «Cosa nueva, novedosa». Mi mente empezó a bullir.
Nuestros cuerpos cambian: mueren unas células, otras nacen. Nuestras emociones, también: nuevos pesares nos afligen, nuevas alegrías nos animan. Nuestras vidas espirituales cambian igualmente: o crecemos, o agonizamos.
Cuando paso tiempo con la Palabra de Dios, comunicándome con él en oración, sirviéndole en el día a día, mi vida espiritual cambia. Un texto que he leído antes —que incluso he memorizado— eclosiona con un nuevo sentido. Un himno me toca el corazón de manera novedosa, Cuando crezco en mi relación con Dios, él pone pensamientos nuevos y frescos en mi mente. Pone nuevos cánticos, nuevas alabanzas en mi corazón.
Nuevos. Como los productos frescos del campo: crujientes, valiosos, deliciosos. En cambio lo rancio, lo pasado, exuda pestilencia.
De modo similar, una mujer cristiana que madura refleja nuevas y gozosas perspectivas. Por contra, la experiencia pasada, por sí sola, deviene como las cebolletas encerradas en plástico durante demasiado tiempo: corrompida, repugnante’ apestosa.
Señor —oré—, mantenme a tu lado y creciendo con nuevas percepciones y nuevos cánticos. Que mi gozo de la vida junto a ti inspire a otros a respetarte, a amarte y a confiar en ti.
Helen Heavirland
#UnCánticoNuevo
Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2017
“VIVIR SU AMOR”
Por: Ardis Stenbakken

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