Texto y clase de referencias:
Mateo 13:31, 32; Palabras de vida del buen maestro, PP. 53–56.Versículo para memorizar:
“Crezcan en la gracia […] de […] Jesucristo” (2 PEDRO 3:18).Mensaje:
El amor de Dios nos ayuda a crecer para ser más semejantes a él.
¿Alguna vez has plantado una semilla? ¿Creció rápido o despacio? ¿Bajita o alta? ¿Estás creciendo tú?
Muchas de las personas que acudían a escuchar a Jesús eran agricultores. Así que Jesús relató una sencilla historia acerca de una semilla para ayudarlos a entender en qué consiste el reino de Dios.
“El reino de Dios —dijo Jesús—, es como una semilla de mostaza”.
Las personas que escuchaban a Jesús sabían que la semilla de mostaza es pequeñita, una de las semillas más pequeñas que existen. Pero cuando un agricultor planta esa semilla, la misma crece y crece hasta que llega a ser un árbol grande. Luego los pájaros vienen y construyen sus nidos en sus ramas.
¿Qué quiso decir Jesús al mencionar que esa pequeña semilla es como el reino de Dios?
Eso es lo que Jesús quería dar a entender cuando dijo que el reino de Dios es como la semilla de mostaza.
También quiso decir que la historia de su amor empezaría con unas pocas personas. Las personas que lo conocieron cuando vivió en la Tierra son como esa pequeña semilla. Cada vez que hablaran a otros acerca de él, más gente lo seguiría; así como la planta crecería más y más grande.
Cada vez que alguien comparte con otra persona una historia de la Biblia o habla a otro del amor de Jesús, la planta del amor de Dios crece aún más. Cuando todos los que aman a Jesús hablan a otra persona de él, esa planta se va transformando en un árbol. Más y más personas desearán escuchar acerca de Jesús. A la gente le gusta descansar bajo la fresca sombra de un árbol, y a las aves también les gusta construir sus nidos en sus ramas.
¿Es eso lo que Jesús quiso dar a entender cuando dijo que una pequeña semilla es como el amor de Dios?
Jesús quiso explicar dos cosas. Primero, que el amor de Dios es como una pequeña semilla que crece en tu corazón cada vez que aprendes más de él y cuando le pides a diario que intervenga en tu vida. Segundo, que el Reino de Dios crece más y más, cada vez que alguien conoce de su amor. El amor de Dios nos ayuda a crecer y a parecernos más a él.
