«Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo». 1 Juan 2:1, NTV
¡CUÁN CUIDADOSO es el señor Jesús al no dar ocasión al alma para que desespere! ¡Cómo protege al alma de los fieros ataques de Satanás! Si caemos en pecado por una sorpresa o engaño a causa de las múltiples tentaciones, él no se aleja de nosotros y nos abandona para que perezcamos. No, no, nuestro Salvador no hace eso. […] Él fue tentado en todo así como nosotros; y como fue tentado, él sabe cómo socorrer a aquellos que lo son. Nuestro Señor crucificado ruega por nosotros ante la presencia del Padre en el trono de gracia. Debemos invocar su sacrificio expiatorio para nuestro perdón, nuestra justificación y nuestra santificación. El Cordero sacrificado es nuestra única esperanza. Nuestra fe lo contempla y se aferra a él como el único que puede salvar hasta lo sumo, y la fragancia de la ofrenda perfecta es aceptada por el Padre.- Carta 33, 1895.
Si cometemos errores y somos inducidos a pecar, no creamos que no podemos orar, sino buscar al Señor más fervientemente.- Carta 6, 1893 , p. 6.
La sangre de Jesús ruega con poder y eficacia para los que se han descarriado, por los que están en rebelión, por los que pecan contra la abundante luz y el amor. Satanás está a nuestra mano derecha dispuesto a acusarnos, y nuestro Abogado está a la mano derecha de Dios listo para interceder por nosotros. Nunca ha perdido un caso que le haya sido encomendado. Debemos confiar en nuestro Abogado, porque él presenta sus propios méritos en nuestro favor. […] Él está intercediendo para los más humildes, por los más sufrientes, por los que pasan mayores pruebas y tentaciones. Con sus manos extendidas él exclama: «He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida» (Isa. 49:16).- The Review and Herald, 15 de agosto de 1893.
Yo quisiera poder hacer llegar las buenas nuevas hasta los rincones más remotos de la tierra. «Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo» (1 Juan 2:1). ¡Preciosa redención! ¡Cuán grande es esta verdad: de que Dios, por el amor de Cristo, nos perdona en el mismo momento en que se lo pedimos con fe viva, creyendo que él puede hacerlo plenamente!- The Review and Herald, 21 de septiembre de 1886.
#DevocionalVespertino
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

