“La discreción y la inteligencia serán tus constantes protectoras” (Prov. 2:11).
“Las palabras no son como la espada, son como la flecha; porque la espada, la sacamos y la podemos volver a guardar; pero la flecha, una vez lanzada, no la podemos recuperar”. El Talmud
Estiman los expertos que el setenta por ciento del tiempo que dedicamos a conversar, lo empleamos en hablar de los demás. ¿Te imaginas el poder que tendríamos para el bien si las palabras que usáramos en esas ocasiones fueran de admiración, paz y respeto hacia la persona objeto de conversación? Pero, como tú y yo bien sabemos, no siempre es el caso. En realidad, un gran porcentaje de ese tiempo que dedicamos a hablar sobre personas ausentes, lo que hacemos es chismear. Y chismear no es algo inofensivo; todo lo contrario, deja daños irreparables.
“Es de necios divulgar chismes”, dice Proverbios 10:18, o en la versión La Palabra de Dios para todos: “El bruto propaga chismes”. Así que llamemos a las cosas por su nombre: cuando chismeamos, estamos demostrando que somos necias y brutas. Y eso incluye a la persona que escucha tanto como a la que habla. Necia y bruta, ¿es eso es lo que quieres ser? Si, por el contrario, deseas ser sabia, trabaja en tus vacíos, llena tu día a día de contenidos, de metas, de aspiraciones internas y de planes para hacer el bien al prójimo con obras de verdad, en vez de hacerle mal con palabras de mentira. Construye tu historia propia, para que no necesites vivir de cuentos ajenos, agrandándolos y extendiéndolos.
“El chismoso todo lo cuenta; la persona digna de confianza guarda el secreto” (Prov. 11:13). ¿Quieres ser una mujer digna de confianza? Guarda el secreto. Trabaja la discreción. Y “la discreción y la inteligencia serán tus constantes protectoras” (Prov. 2:11).
Cuando no tengas nada que decir, no digas nada. Es mejor ser dueña de tu silencio que esclava de tus palabras.
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Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez
