“Lloraron y ayunaron hasta el anochecer porque Saúl y su hijo Jonatán había caído a filo de espada, y también por el ejército del Señor y por la nación de Israel” (2 Sam 1:12).
El USS Tang patrullaba el Océano Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial donde hundió muchos barcos japoneses. Lamentablemente, él tambien se hundió. Era pasada la medianoche del 24 de Octubre de 1944, cuando el radar del Tang se llenó de puntos de un convoy enemigo. El submarino de la Armada siguió las sombras del convoy durante la noche. Uno de los barcos escolta comenzó a usar una gran señal de la luz que iluminó el convoy.
Ahora no podía ver claramente los barcos, el comandante Richard O’Kane lanzó torpedos a dos transportadores y a un gran buque tanque. Tres explosiones iluminaron la noche; hundieron dos barcos y dejaron uno inservible sobre el agua.
El Tang regresó para acabar con las naves averiadas. Al lanzar su último torpedo, los de la torre de mando vieron que salía del agua y comenzaba a girar en círculo hacia la izquierda.
-¡Velocidad de emergencia! -gritó el capitán-. Timón a la derecha a fondo.
Una explosión violenta sacudió el submarino cuando el torpedo colisionó con su propia embarcación.
Nueve sobrevivientes, incluyendo el capitán, fueron rescatados por los barcos del mismo convoy al que acababan de atacar.
Esa noche, 78 integrantes de la tripulación del Tang murieron. En total, durante la segunda Guerra Mundial, murieron alrededor de cincuenta millones de personas. Es difícil comprender la magnitud de la tragedia a pesar de lo elevado de las cifras, porque solo se logra captar bien su significado cuando se conocen las personas que ya no pueden seguir viviendo.
En la ciudad costera de Palatka, Florida en los Estados Unidos, puedes encontrar un monumento de guerra inusual. Es un torpedo en una columna de ladrillos. Es el Monumento a Basil C. Pearce del USS Tang. No es común ver un monumento para un solo marinero. Al alférez no se le recuerda por ninguna acción heroica. Tiene un monumento en su ciudad natal gracias a todos los que lo conocían y lo amaban.
La vida es frágil: hoy estamos aquí, pero mañana tal vez no. Y aunque no vivimos en un país en guerra, sí habitamos un mundo en conflicto. Asegurate de no contribuir a que el conflicto se acentúe, sino a aportar siempre tu granito de arena en favor de la paz. La amistad, el amor y la tolerancia. El evangelio nos llama claramente a esto. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
