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Notas de Ellen G. White 2021

TRIUNFO FINAL DE SION (ISA. 24-27)

Los hombres se sienten inclinados a abusar de la paciencia de Dios y a aprovecharse de su clemencia. Pero hay un momento en la iniquidad humana cuando es necesario que Dios intervenga; y las consecuencias de esto son terribles. “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable”. Nahúm 1:3. El paciente Dios es admirable, porque restringe sus propios atributos; sin embargo, no por eso el castigo es menos seguro. Cada siglo de libertinaje ha acumulado ira para el día de la ira, y cuando llegue el tiempo, y la iniquidad esté completa, entonces Dios realizará su obra extraña. Se encontrará que es una cosa terrible haber agotado la paciencia divina, porque la ira de Dios se derramará en forma tan marcada e intensa que se la presenta como una ira que no está atemperada por la misericordia; y hasta la tierra misma quedará arrasada (Mensajes selectos, t. 2, pp. 427, 428).

Pablo escribe: “…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Romanos 10:6-10.

La fe que es para salvación no es una fe casual, no es el mero consentimiento del intelecto; es la creencia arraigada en el corazón que acepta a Cristo como a un Salvador personal, segura de que él puede salvar perpetuamente a todos los que acuden a Dios mediante él. Creer que él salvará a otros pero que no te salvará a ti, no es fe genuina. Sin embargo, cuando el alma se aferra de Cristo como de la única esperanza de salvación, entonces se manifiesta la fe genuina. Esa fe induce a su poseedor a colocar todos los afectos del alma en Cristo. Su comprensión está bajo el dominio del Espíritu Santo y su carácter se modela de acuerdo con la semejanza divina. Su fe no es muerta, sino una fe que obra por el amor y lo induce a contemplar la belleza de Cristo y a asimilarse al carácter divino (Mensajes selectos, t. 1, pp. 458, 459).

De la India, del África, de la China, de las islas del mar, de entre los pisoteados millones que habitan los países llamados cristianos, el clamor del dolor humano asciende a Dios. Ese clamor no subirá por mucho tiempo más sin ser contestado. Dios limpiará la tierra de su corrupción moral, no por un mar de aguas, como en los días de Noé, sino por un mar de fuego que no podrá ser apagado por ninguna invención humana… De buhardillas, de chozas, de calabozos, de patíbulos, de montañas y desiertos, de cuevas de la tierra y cavernas del mar, Cristo reunirá a sus hijos a sí… “Quitará la afrenta de su pueblo”. Isaías 25:8. A cada hijo de Dios se le darán ropas blancas. “Y llamarles han Pueblo Santo, Redimidos de Jehová”. Isaías 62:12 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 142, 143).

Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
1re. Trimestre 2021 ISAÍAS: «CONSOLAOS, PUEBLO MÍO«
Lección 6: «JUGAR A SER DIOS»
Colaboradores: Esther Jiménez & Meri Ruiz

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