domingo , 13 septiembre 2026
Devocion Familiar 2018

Trapos de inmundicia

 
«Pues todos nosotros somos como cosa impura, todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Todos nosotros caímos como las hojas y nuestras maldades nos llevaron como el viento». Isaías 64: 6
EL SER HUMANO nace separado de Dios, y lo que más le gusta hacer es vivir lejos de él. Por tal motivo, la justicia que Dios espera de nosotros no puede ser mera justicia humana; tiene que ser algo más profundo. La simple mudanza exterior de hábitos, o el simple buen comportamiento que podemos conseguir con un poco de esfuerzo y dominio propio, no cuentan para Dios. Veamos lo que Elena G. de White, una reconocida autora cristiana, comenta al respecto:
«No es suficiente un mero cambio externo para ponernos en armonía con Dios. Hay muchos que tratan de reformarlo corrigiendo este o aquet mal hábito, y esperan llegar a ser cristianos de esta manera, pero ellos están comenzando en un lugar erróneo» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 69). «Muchos de los que se llaman cristianos son meros moralistas cristianos» (Ibíd., p. 256).
Ninguna reforma auténtica comienza con la comida, el cabello o la ropa. El mero cambio de hábitos no es cristianismo. «Están comenzando en un lugar erróneo». Eso no quiere decir que la comida, la ropa o el comportamiento no tengan nada que ver con la vida del cristiano. iClaro que tienen que ver! Pero ellos son el resultado, no la causa. Cualquier cosa que el hombre haga separado de Dios, está manchado por el orgullo y el egoísmo, que son la marca  registrada del pecado. ¿Quieres verlo? Si alguien, que  no tenga una verdadera experiencia con Jesús, cambiara los hábitos de su comportamiento para mejo-  rar, eso lo llenaría de soberbia, lo hará sentirse más justo que los demás y, por más que lo niegue, sus acritudes revelarían el orgullo que siente por sus logros y su menosprecio por quienes no alcanzaron determinadas normas de buenos modales.
El versículo de hoy dice que todas «nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia». Si la persona no vive una auténtica vida de comunión con Jesús, no está en condiciones de vivir las verdaderas obras de la justicia de Dios, porque la mancha del pecado está en todo lo que realiza. Lo que le gusta es aparentar, que los demás lo vean. Se complace en la forma de las cosas y juzga y condena implacablemente a quienes no consiguen mostrar «actos de justicia». Eso, para Dios, es como trapo de inmundicia.
Que hoy nuestra oración sea: «Señor, tú eres mi justicia; sin ti no soy nada. Quiero vivir cerca de ti, andar contigo a lo largo de este día; sentir tu presencia permanente, mostrándome el camino y produciendo en mis actos los verdaderos fru. tos de tu justicia».

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón

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