sábado , 18 abril 2026
Devocion Familiar

Transformación

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Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor».  2 Corintios 3: 18

MIRAR A JESÚS todos los días, como en un espejo. Este es el secreto de la transformación. El apóstol Juan es el mejor ejemplo de esa metamorfosis espiritual. Llegó un día a Jesús, cargando con una personalidad deformada por el pecado. El pecado deforma las cosas bellas que Dios creó. Al salir de las manos del Creador, Adán y Eva eran semejantes a Dios en su carácter. Pero el pecado deterioró en ellos esa imagen. Así, cuando Juan se acercó a Jesús, traía la deformación del pecado; un temperamento explosivo, egoísta y orgulloso. Su apodo era «El hijo del trueno». ¿Te imaginas cómo era el carácter de este hombre, para que le dieran ese apodo?

Gracias a Dios porque lo que realmente importa en la vida no es lo que eres, sino lo que llegarás a ser, después de haber sido transformado por el poder divino.Juan buscó a Jesús de todo corazón; lo buscó en  todos los momentos: lo observaba, lo contemplaba, solo en la isla de Patmos, su apodo ya no era más El hijo del trueno, si no el discípulo amado. ¿En qué momento cambió la vida de Juan? Nadie podría decirlo. La transformación que el Espíritu lo miraba y lo admiraba. Se quedaba a su lado tanto en momentos de paz como en los de conflicto; en las horas buenas y en las horas malas. El resultado fue que, cuando Juan llegó a la ancianidad y estaba Santo opera en el ser humano es lenta, progresiva e inadvertida incluso para la misma persona. Los demás lo ven; quienes están en tu entorno lo perciben. Tú no; tú te sientes cada vez más indigno e insuficiente.

Mirar a Jesús no es algo romántico; no necesitas quedarte absorto, contemplando el retrato de Jesús. Mirar a Jesús significa buscarlo todos los días, mediante el estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación.

Si haces eso, el carácter de Jesucristo se irá reproduciendo lentamente en tu vida, y serás cada día más semejante a él. Por eso hoy, antes de salir a enfrentar las luchas de un nuevo día, lleva a Jesús tus cargas. Llévale la montaña de promesas que no cumpliste; tus decisiones de arena; tus determinaciones humanas, y dile: «Señor, yo solo no puedo; necesito desesperadamente de ti. Ven y habita en mí»• Porque nosotros, «mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor».

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Matinal Para Toda La Familia 2017
“Plenitud En Cristo”
Por: Alejandro Bullón

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