«Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no solo entre ustedes, sino a todos». 1 Tesalonicenses 5:15

Luego de un año de mostrárselo a la gente en supermercados y ferias náuticas, convenció al canal de compras QVC para comprar mil unidades. Podría haber sido su gran oportunidad, pero, cuando los presentadores de QVC mostraron el estropajo en televisión, los teléfonos no sonaron como era de esperarse. Entonces, Joy le dijo a la gente de QVC: «Permítanme probar».
Ella se puso frente a las cámaras, ¡y vendió 18 mil estropajos en veinte minutos! El estropajo comenzó a dar millones de dólares por año. Sin embargo, ella no se detuvo allí. Inventó otros productos útiles para el hogar, como la plancha portátil y una almohada de espuma viscoelástica. Hasta inventó una percha con una superficie gamuzada que evita que las prendas se deslicen. Ha vendido setecientos millones de esas.
«Veo el mundo por medio del producto», le dijo Joy a HuffingtonPost.com. «Podría estar caminando y ver a alguien con problemas con un producto, y mi cerebro se paraliza… ¿Cómo puedo hacer la vida de alguien un poco más fácil?»
Esa es una forma en la que todos podemos ser inventores. Podemos inventar una manera de hacerle la vida un poquito más fácil a un amigo o aun familiar, como lavando la loza por mamá, o ayudando a un amigo con un proyecto escolar. Apuesto a que el mundo necesita nuestras ideas de amabilidad aún más de lo que necesita una percha gamuzada.
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
«Una idea genial»
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H