La fuerza adquirida por la oración a Dios nos preparará para nuestros deberes cotidianos. Las tentaciones a que estamos diariamente expuestos hacen de la oración una necesidad. A fin de ser mantenidos por el poder de Dios mediante la fe, los deseos de la mente debieran ascender continuamente en oración silenciosa. Cuando estamos rodeados por influencias destinadas a apartarnos de Dios, nuestras peticiones de ayuda y fuerza deben ser incansables. A menos que así sea, nunca tendremos éxito en quebrantar el orgullo y en vencer el poder que nos tienta a cometer excesos pecaminosos que nos apartan del Salvador. La luz de la verdad que santifica la vida, descubrirá al que la recibe las pasiones pecaminosas de su corazón que se esfuerzan por tener el señorío y que hacen necesario tener todo nervio en tensión y ejercitar todas las facultades para resistir a Satanás y vencer por los méritos de Cristo.—Mensajes para los Jóvenes, 246.
Usted debe poseer un sentido profundo y permanente de las cosas eternas y aquel amor por la humanidad que Cristo demostró en su vida. Una estrecha relación con el cielo le dará el tono adecuado a su fidelidad y constituirá el fundamento de su éxito. Su sentimiento de dependencia debe conducirlo a la oración y su sentido del deber debe llamarlo al esfuerzo. La oración y el esfuerzo, el esfuerzo y la oración, deberán ser el negocio de su vida. Debe orar como si la eficiencia y la alabanza se debieran a Dios, y trabajar como si el deber fuera suyo propio. Si desea poder, puede tenerlo, puesto que está esperando que lo use. Tan solo crea en Dios, crea en su Palabra, actúe con fe y recibirá las bendiciones.—Consejos sobre la Salud, 364.
“Una sencilla oración puede proporcionarnos un gran poder”
“Entonces oré al Dios de los cielos”. En esa breve oración, Nehemías se acercó a la presencia del Rey de reyes, y ganó para sí un poder que puede desviar los corazones como se desvían las aguas de los ríos.
La facultad de orar como oró Nehemías en el momento de su necesidad es un recurso del cual dispone el cristiano en circunstancias en que otras formas de oración pueden resultar imposibles.—La Historia de Profetas y Reyes, 466.
La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa. Descuídese el ejercicio de la oración, u órese espasmódicamente, de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la relación con Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor.—Mensajes para los Jóvenes, 247, 248.
El poder de Dios vendrá al hombre en respuesta a la oración de fe.—Testimonies for the Church 4:402.
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LA ORACIÓN
CAPÍTULO 9- “EL PODER DE LA ORACIÓN”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara
