«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor». Lucas 4: 18, 19.
¿Qué cosas llegarían a tu mente si escucharas hablar sobre un predicador extraordinario en todos los noticieros? ¿Cómo es que atrae a tantos? ¿Cómo maneja la fama? Jesús no tenía una chispa especial. Su mensaje era popular entre muchas personas, pero no entre aquellos de su pueblo natal ni de los dirigentes religiosos. «Pero no fue simplemente la ausencia de gloria externa en la vida de Jesús lo que indujo a los judíos a rechazarle.
Era él la personificación de la pureza, y ellos eran impuros. Moraba entre los hombres como ejemplo de integridad inmaculada. Su vida sin culpa hacía fulgurar la luz en sus corazones. Su sinceridad revelaba la falta de sinceridad de ellos. Ponía de manifiesto el carácter huero de su piedad presuntuosa, y les revelaba la iniquidad en toda su odiosidad. Esa luz no era bienvenida para ellos» (El Deseado de todas las gentes, cap. 24, p. 215). El Jesús adulto no fue apreciado por aquellos que lo conocieron en Nazaret.
Muchos pudieron haber sentido lo que sintió el padre del niño poseído (Marcos 9: 14-29) al clamar «Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!». ¿Y qué de ti? ¿Se te hace difícil aceptar la voz de Dios cuando proviene de personas que tú consideras que no son «suficientemente religiosas»? ¿Por qué sí o por qué no?
Relato Bibliço: Lucas 4: 16-30
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes
2do trimestre 2017 “LIBERTAD SIN FIN.”
Lecc. 04. «Un Turbulento Regreso A Casa».
