«He sido instruida para llamar la atención de nuestro pueblo al capítulo cincuenta y ocho de Isaías. Leed este capítulo cuidadosamente y comprended la clase de obra que llevará vida a las iglesias. La obra del evangelio debe ser llevada por medio de nuestra liberalidad tanto como por nuestras labores. Cuando encontréis almas dolientes que necesitan ayuda, dádsela. Cuando encontréis a aquellos que están hambrientos, alimentadlos. Al hacer esto, estaréis trabajando, así como trabajó Cristo. La santa obra del Maestro fue un trabajo de misericordia. Anímese a nuestro pueblo en todas partes a participar en ella».’
«Es imposible asir el brazo de Dios con una mano mientras la otra la empleáis en satisfacer vuestros propios placeres».
«Como creyentes en Cristo necesitamos más fe. Necesitamos ser más fervientes en la oración. Muchos se preguntan por qué sus oraciones son tan muertas, su fe tan débil y vacilante, su experiencia cristiana tan sombría e incierta. «¿Qué aprovecha -dicen ellos- que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos?» En el capítulo 58 de Isaias, Cristo demostró cómo puede cambiarse este estado de cosas. Dice: «¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en tu casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?» (w. 6, 7). Tal es la receta que Cristo prescribió para el alma que desmaya, duda y tiembla. Levántense los pesarosos, los que andan tristes delante del Señor, y socorran a alguien que necesite auxilio».
«Se describe el ayuno que Dios acepta. Es el compartir nuestro pan con el hambriento y a los pobres errantes traerlos a casa. No esperar que ellos vengan hacia nosotros. Prosiguen incansablemente en vuestra búsqueda y os suplican que les proporcionéis un hogar. Vosotros debéis buscarlos y traerlos a vuestro hogar. Debéis extender vuestra alma tras ellos. Debéis alcanzarlos con una mano y por fe sostenerlos con el poderoso brazo que brinda salvación, mientras con la otra mano del amor rescatáis al oprimido y lo socorréis. Es imposible asir el brazo de Dios con una mano mientras la otra la empleáis en satisfacer vuestros propios placeres».
PARA COMENTAR
- ¿Cómo deberían interactuar los miembros de la iglesia con un desamparado que está frente al templo, pidiendo limosnas?
- ¿Por qué debería llamársele ayuno al servicio realizado en favor de los demás?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
3er trimestre 2019 “Servir a los necesitados”
Lección :10 «Viviendo El Evangelio»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
