«A fin de fomentar las reuniones del pueblo para los servicios religiosos y también para suplir las necesidades de los pobres, se le pedía a Israel que diera un segundo diezmo de todas sus ganancias. […]
»Durante dos años debían llevar este diezmo o su equivalente en dinero al sitio donde estuviera el santuario. Después de presentar una ofrenda de agradecimiento a Dios y una porción específica para el sacerdote, el ofrendante debía usar el remanente para un festín religioso, en el cual debían participar los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. […] Pero cada tercer año este segundo diezmo había de emplearse en casa, para agasajar a los levitas y a los pobres, como dijo Moisés: «Y comerán en tus villas, y se saciarán» (Deut. 26: 12). Este diezmo había de proveer un fondo para los fines caritativos y hospitalarios. […]
»La ley de Dios le daba al pobre derecho sobre cierta porción del producto de la tierra. Cualquiera estaba autorizado para ir, cuando tenía hambre, al sembrado de su vecino, a su huerto o a su viñedo, para comer del grano o de la fruta hasta satisfacerse. […]
»Toda la rebusca de las mieses, el huerto y el viñedo pertenecían a los pobres. […]
»Cada séptimo año había una provisión especial para los pobres. El año sabático, como se lo llamaba, comenzaba al fin de la cosecha. En el tiempo de la siembra que seguía al de la siega, el pueblo no debía sembrar; no debía podar ni arreglar los viñedos en la primavera; y no debla contar con una cosecha ni del campo ni de la viña. De lo que la tierra produjera espontáneamente, podían comer cuando estaba fresco, pero no podían guardar ninguna porción de esos productos en sus graneros. La producción de ese año había de dejarse para el consumo gratuito del extranjero, el huérfano, la viuda, y hasta para los animales del campo».1
«Dios quería poner freno al amor excesivo a los bienes terrenales y al poder. La acumulación continua de riquezas en manos de una clase, y la pobreza y degradación de otra clase, eran cosas que producían grandes males. El poder desenfrenado de los ricos resultaría en monopolio, y los pobres, aunque en todo sentido tuvieran tanto valor como aquellos a los ojos de Dios, serían considerados y tratados como inferiores a sus hermanos más aforrunados.2
PARA COMENTAR
1. ¿Se mantuvo Israel inmune a la corrupción y a la acumulación de bienes a pesar de las muchas leyes que el Señor le dio a través de Moisés?
2. ¿Cómo podemos aplicar principios parecidos a la administración de nuestras finanzas, con el fin de ayudar a los más necesitados?
3. ¿Cómo pueden ayudar a los menesterosos esas leyes que fueron diseñadas con sabiduría para estimular la diligencia del pueblo?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
3er trimestre 2019 “Servir a los necesitados”
Lección 2: «Modelo para un mundo mejor»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
