Una de las cosas más difíciles de ser cristiano ha sido controlar mi temperamento. la ira era mi mejor aliada. En medio de la angustia, me aferraba a la ira, esperando que resolviera todos mis problemas, aunque jamás me dio resultados positivos. Después de sentirme frustrado con aquel ciclo de estar enojado y tomar malas decisiones comencé a buscar en las Escrituras y en el Espíritu de Profecía una solución y me di de bruces con el texto de Mateo 5:21-23. Aquí Jesús advierte que, si estás enojado con tu prójimo, estás sujeto a condenación. Eso dio lugar a un conflicto en mi interior: ¿Cómo puede ser que enojarme me condene, si el mismo Jesús se mostró enojado en Mateo 21?
LA IRA PUEDE SER UNA PUERTA DE ENTRADA AL PECADO.
Las palabras de Pablo me aclararon el tema. Pablo dice en Efesios 4: 26-27: «Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo». Al igual que muchas cosas en esta vida, la ira puede ser una puerta de entrada al pecado. Si permitimos que la ira se arraigue en nuestro interior y se apodere de nuestras relaciones, no podremos reconocer la voluntad de Dios y nos abrumará el deseo de venganza. Aferrarme a la ira no aporta soluciones, porque me lleva a confiar en mi propio juicio en lugar de apoyarme en Cristo. Pero ¿cómo llevo a la práctica este conocimiento espiritual teórico?
A través de muchas oraciones y consejos de parte de mi círculo de amigos, he desarrollado tres pasos que me han ayudado en mis momentos de enojo. El primer paso consiste en aislarme de la situación. Esto puede implicar un aislamiento emocional en el que dejas de lado tus sentimientos, hasta que surja el momento apropiado para abordarlos; o un aislamiento físico en el que te alejes de la persona que te provocó. El segundo paso es orar. En tus oraciones, cuéntale a Dios cómo te sientes y pídele que te muestre qué hacer o decir, El tercer paso es reflexionar. Escribir me permite comprender mejor la situación Y me ayuda a encontrar una solución. Es posible que prefieras comunicarte con una persona de _confianza, o sentarte a solas con tus pensamientos. Cualquiera que sea el método, es importante que nos tomemos un tiempo para pensar, reflexionar y permitir que Dios nos hable.
Oro para que estos pasos te guíen y te ayuden; a mí me han ayudado. Además, ten paciencia contigo mismo cada día y aférrate de Dios en todo momento.
PARA COMENTAR
- ¿Cómo puedes asegurarte de que eres tú quien controla tu ira y no tu ira quien te controla a ti?
- ¿Tienes una relación tóxica con la ira? ¿A qué crees que se debe?
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 10: «Pequeños periodos de prueba«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
