jueves , 23 abril 2026
Matinal Para Damas 2014

Ternura de mamá

como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. .” Efesios 4:32

14Trabajábamos en Bolivia cuan­do regresé al Perú por unos documentos. A pedido de mi esposo, al volver cargué una gran va­lija con sus libros. En la frontera pe- ruano-boliviana esperé un transporte que me llevara a La Paz. Allí tomaría el autobús a Cochabamba, donde vivíamos. Una dama, de apariencia prolija y muy cordial, se ofreció a ayudarme con la maleta para subir al primer auto que lle­gara y conseguir asiento. Me sentí agradecida por su ayuda.

Poco antes de llegar a La Paz, me dijo que también iba a Cochabamba. “¿Por qué no nos acompañamos? -sugirió-. Mientras tú abordas el taxi para la terminal de ómnibus, yo bajo tu maleta”. “¡Gracias, Señor, qué buena mujer!” me dije. Subí al taxi, y también mi maleta. La “amiga desconocida” se sentó a mi lado, y al momento de partir, otra mujer abrió la puerta diciendo: “Yo también voy a la terminal”. La reconocí pues había venido con nosotros desde la frontera. En vez de sentarse en el asiento desocupado de adelante, se sentó a mi lado y sentí una extraña angustia.

A poco de partir, el auto se detuvo. Un hombre se identificó como policía de investigaciones y dijo: “He visto a estas mujeres venir de la frontera, son buscadas por tráfico de drogas”. Abriendo la puerta junto al chofer, ordenó “¡A la comi­saría!” mientras informaba por un walkie-talkieque las sospechosas estaban siendo conducidas al puesto policial.

Le dije al “policía” que me dejara bajar pues yo no conocía a las mujeres. Sin esperar, me respondió: “Danos todo el dinero que traes; todo, no ocultes nada”. Caí en la cuenta de que conformaban una banda de asaltantes. Tomó todo el dinero que había en mi cartera y mis bolsillos. Una de las mujeres abrió la puerta y la otra me empujó, a la vez que el chofer sacaba mi maleta de la baulera tirán­dola al piso. Se alejaron yquedé sola.

Dos mujeres quechuas que pasaban por ahí, a quienes conté llorando lo que me había pasado, me dijeron: “Hijita, tienes suerte porque estos asaltantes matan”. Revisando mis bolsillos encontré ochenta bolivianos… lo suficiente para llegar a Cochabamba.

¡Gracias, Señor! Me conmueve pensar que así como yo cuido de mi hija, tú cuidas de mí con ternura de madre.

 

 

Nelly Paredes de Corrales

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2014

“De mujer a mujer”
Por: Pilar Calle de Hengen

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