domingo , 19 abril 2026
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Las Bellas Historias de la Biblia

TERCERA PARTE HISTORIA 03: LA MARCHA DE LOS ANIMALES

Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.» Génesis 7:1


HAN pasado 120 años desde que Noé comenzó a construir el arca. El gran barco está terminado. Con 14 de alto y 140 metros de largo, se ha convertido en monumento visible a varios kilómetros a la redonda.

Todos están enterados, aunque se han acostumbrado tanto a ella, que ya no se molestan más en ir a verla. Solo la señalan sonriéndose y dicen:

—¡Es un capricho de Noé!

El inmenso barco se ve desolado y deshabitado, porque solo Noé y su familia continúan con esto. Todos los obreros contratados se han ido. Solo trabajaron por la paga y, ahora, una vez terminada la obra, se han ido a su casa. En realidad, nunca creyeron en el mensaje de Noé.

La enorme puerta del arca está abierta, como si invitara a todos a entrar y a hallar seguridad. Pero no viene nadie.

Hay un extraño silencio por todas partes, que se rompe solo por el sonido de los pies retumbantes de Noé y de sus hijos que caminan por la embarcación vacía, asegurándose de que todo esté firme, fuerte y hermético.

Durante 120 años, el anciano patriarca ha predicado sobre la destrucción venidera, pero, ahora, en ninguna parte hay más tranquilidad que aquí alrededor del arca. Ni siquiera se puede oír el sonido de una sierra ni de un martillo.

¿Será que Noé cometió un error? ¿Será que entendió mal lo que le dijo Dios? Quizá no ocurra nada después de todo. Tal vez malgastó su tiempo y su dinero. A lo mejor, el arca se pudrirá donde está, con el tiempo.

¡Pero mira! ¡Está ocurriendo algo! ¡Fíjate en esos animales de allá! Parece que se encaminan hacia el arca. ¡Sí! Y ahora vienen otros más de todas direcciones. ¿Qué significará?

Ahora, la gente corre para observar el asombroso espectáculo, mientras todo tipo de animales, evidentemente guiados por alguna mano invisible, se dirigen hacia el arca, suben por la rampa y entran por la puerta abierta.

Los enormes elefantes se mueven pesadamente y hacen crujir las maderas, mientras suben, seguidos de tigres y osos gruñones y ovejas que balan. Detrás de ellos hay zebras, antílopes, canguros, pandas, burros, cabras y una infinidad de otros, mientras las ardillas, las zarigüeyas, los castores y toda clase de pequeñas criaturas corretean entre los grandes.

¡Qué espectáculo! Nunca antes había ocurrido algo así. No obstante, aún entonces la gente que se queda mirando asombrada no entiende. Piensan que es todo muy raro. Noé, dicen ellos, ha decidido convertir su arca en un zoológico, al ver que no pudo hacerla flotar.

Pero cuando el último de los animales pasa por la puerta, Noé se para al lado del arca y hace un llamado final a la gente para que lo acompañe a entrar.

—¡Se viene un gran diluvio! —exclama—. Todo el mundo está a punto de ser destruido. Por eso han venido los animales. Ellos entienden. ¡Vengan! ¡Vengan antes de que sea demasiado tarde!

Pero a pesar de todo, nadie responde. Se vuelven a reír de él.

—Vete a vivir con tus animales —se burlan, mientras regresan a sus hogares y a sus pecados.

Ahora, Dios le vuelve a hablar a Noé.

—»Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único hombre justo que he encontrado en esta generación —dice—. Porque dentro de siete días haré que llueva sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y así borraré de la faz de la tierra a todo ser viviente que hice».

No hay nada más por hacer. La gente tuvo su oportunidad. Recibió la advertencia. Pero no les importó. Enceguecidos por el pecado, autosuficientes y obstinados en seguir en sus malos caminos, ni siquiera quieren salvarse. Hacen oídos sordos al mensaje de Dios.

De modo que Noé los deja. La Biblia dice: «Entonces entró en el arca junto con sus hijos, su esposa y sus nueras, para salvarse de las aguas del diluvio. De los animales puros e impuros, de las aves y de todos los seres que se arrastran por el suelo, entraron con Noé por parejas, el macho y su hembra, tal como Dios se lo había mandado».

«Luego, el Señor cerró la puerta del arca».

Mientras la enorme puerta se cierra silenciosa y misteriosamente, empujada por una mano invisible, Noé echa un último vistazo al hermoso mundo exterior, el mundo que nunca más volverá a ver.

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Tomado de: Las Bellas Historias de la Biblia
Por: «Arthur S. Maxwell»
Colaboradores: Noel Ramos & Miguel Miguel

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