sábado , 13 junio 2026
Matinal Para Damas 2015

Temor a testificar

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“No me avergüenza del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” Romanos 1:16

Comencé mis estudios secundarios en una academia católica. No tenía que asistir los sábados a 1a escuela; sin embargo, como era adventista, desde un principio enfrenté desafíos.

Antes de empezar las clases, la maestra pedía que todas sacaran su rosario y comenzaran a rezar. Yo no tenía rosario ni conocía el rezo; pero como no deseaba que nadie se enterara, fingía que tenía uno de esos “collares con una cruz”. Imitaba los movimientos de los dedos de mis compañeras y movía los labios. Asistía a las misas y las comuniones. Cuando el sacerdote tocaba una campanita y todos se arrodillaban, yo me acurrucaba, sin doblar las rodillas, para que no me vieran de pie y descubrieran que no estaba rezando. No era feliz, me sentía culpable por negar la verdad que profesaba, pero tenía temor a 1a discriminación religiosa, que era muy común en aquellos tiempos.

Pasaron los meses y llegó mayo, el “Mes de 1a Virgen”, como 1o 11amaban. Durante ese mes era obligatorio que cada alumna llevara flores a 1a escuela para 1a Virgen en el día que la maestra asignaba. Esto me afligió mucho: ¿cómo iba a llevarle flores a una imagen pagana? El día que me asignaron teníamos un examen, así que no podía faltar. Una niña que siempre se sentaba a mi lado se acercó y me dijo en el oído:

-Sé que no eres católica, porque te he estado observando. ¿Qué piensas hacer con 1o de las flores?

Temerosa, le contesté:

—¡No sé! Estoy en un serio problema; tal vez me van a expulsar.

—No te preocupes, traeré las flores por ti me dijo la bondadosa niña.

Y por temor a testificar, seguí sufriendo todos los años que estuve allí.

La culpa por haber escondido la verdad me persiguió durante mucho tiempo. Me sentía como Pedro, que prometió ser fiel a Jesús y lo negó tres veces y se alejó de el en los momentos decisivos. Pero el perdón que Jesús me concedió quito de mis hombros esa pesada carga. Desde entonces, digo como el apóstol “No me avergüenzo del evangelio».

“Todo cristiano está llamado a dar a conocer a otros las inescrutables  riquezas de Cristo» (Servicio Cristiano. cap. 24. p. 234).

Ruth A.Collins

Tomado de:
Lecturas devocionales
para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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