lunes , 20 julio 2026
Matinal Para Damas 2022

TE PRESTO MI FE

 

«Mis amados hermanos, les pido encarecidamente en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que se unan a mi lucha orando a Dios por mí. Háganlo por el amor que me tienen, ese amor que el Esritu Santo les ha dado» (Rom. 15:30, NTV).

Un día, mientras conducía mi programa en la Radio Adventista de Londres, se me ocurrió decir algo justo antes de invitar a los oyentes a orar: «Si no tienes suficiente fe, te presto la mía. Si necesitas que oremos por ti, llámanos; aunque tu fe no te alcance para creer del todo». Mi amiga y colega, Lynette Allcock, me contactó al finalizar el programa para decirme que la idea de dar y recibir «préstamos» de fe la había entusiasmado mucho. ¡Es cierto! Todas necesitamos, de vez en cuando, que alguien nos preste su fe. Recibimos préstamos cuando, al observar la vida de otras mujeres y al oír sus palabras, somos inspiradas a creer más y a reclamar las promesas de Dios. Damos préstamos de fe cuando cargamos la debilidad de otras personas en nuestros propios brazos.

Los amigos  del hombre paralítico lo cargaron, tendido sobre una camilla, para ver a Jesús. La Biblia dice que Jesús fue movido a compasión  debido a la fe de sus amigos, ¡no la del hombre! «Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo  al paralítico: ¡Ánimo, hijo mío! Tus pecados son perdonados» (Mat. 9:2, NTV, énfasis agregado). Por fe, los amigos lo cargaron en brazos; por fe, se abrieron paso entre la multitud; por fe, quitaron el techo y lo ayudaron  a descender a los pies de Jesús. ¡El paralítico no podría  haber hecho nada de esto  por sí mismo!  De hecho, es posible que este  hombre estuviera sufriendo una depresión tal que le costara creer que Jesús podía ayudarlo. El  comentador bíblico Frederick Bruce, en su obra sobre el  Nuevo Testamento, reflexiona: «Con un rápido y seguro diagnóstico, Jesús ve en el hombre no fe, sino una profunda depresión …  [Entonces él] pronuncia primero una palabra amable y esperanzadora, como un médico podría decirle a un paciente: ‘¡Ten ánimo, hijo!’ » La misericordia y dulzura de Jesús en esta historia son extraordinarias. Jesús no humilla  a este hombre deprimido porque le cuesta creer. Sus palabras más ásperas, en cambio, se dirigen a los maestros de la ley por su falta de compasión (Mat. 9:4-6). Jesús percibe el cuidado y el amor de estos amigos -este «préstamo»- y sana  al paralítico.

Señor, dame tu misericordia para notar cuando alguien está cansado y necesita un préstamo de fe. No quiero juzgar a las personas que sufren de depresión o ansiedad, sino ayudarlas. Dame humildad para servir y para reconocer cuándo soy yo la que necesita ayuda. Amén.

#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Lecturas Devocionales para Damas 2022
“SIN MIEDOS NI CADENAS”
Por: VANESA PIZZUTO
Colaboradores: Rosalba Barbosa & Adriana Jiménez

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