miércoles , 28 octubre 2026
Devocion Familiar

Sufrimientos

«Pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios». I Pedro 2: 20

AQUEL DÍA AMANECIÓ TRISTE; más triste que cualquier otro. La densa neblina que envolvía la ciudad parecía el presagio de algo funesto. Por lo menos a Susana le daba la impresión de que aquel día marcaría su vida para siempre.

El reloj de pared indicaba las tres de la tarde en la escuela donde ella trabajaba. Repentinamente, se oyó un rumor lejano, como el lamento triste de muchas voces. A medida que los segundos transcurrían y las cosas empezaban a ser sacudidas, Susana percibió que se trataba de un terremoto. Lo primero que la joven maestra hizo, instintivamente, fue correr en dirección a los niños, como la gallina busca a sus polluelos para protegerlos. Fue inútil. Los niños, desesperados, no obedecían la voz de la maestra, y corrían como caballos desbocados, de un lado a otro. Los segundos parecían una eternidad, y la tierra temblaba como un gigante herido. Cuando el peligro pasó, solo quedó un coro de gritos de dolor y un escenario fúnebre de sangre, cuerpos heridos y muerte.

Conocí a Susana años después del terremoto. Todavía cargaba con el peso de la culpa; como si ella hubiese sido la causante de aquella tragedia.

—Hice todo lo que pude, pero no logré protegerlos —-me dijo, refiriéndose a los seis niños que murieron en aquella ocasión.

Y después, con los ojos anegados, me pregunto:

—¿Por qué sufrimos en este mundo?

Tal vez el versículo de hoy sea tu respuesta, Susana. El dolor es una realidad del mundo de pecado en el que vivimos. Puede ser grotesco, irracional e injusto, pero es el pan nuestro de cada día. Sufren los justos, y también los injustos. La diferencia está en que el sufrimiento de los justos es gloria. Te purifica, te pule, te limpia; labra el bello diamante que se esconde en ti.

El dolor de los injustos, en cambio, no tiene sentido. Es como la herida purulenta, que va destruyendo lenta, imperceptible, pero completamente.

El cristianismo no te protege del dolor; da una nueva orientación a tu sufrimiento. Te hace grande, te ennoblece y te prepara para conquistas aún mayores. Solo asegúrate de que en el momento de dolor estés en los brazos de Jesús. «Pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer

10 que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios».

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Matinal Para Toda La Familia 2017
“Plenitud En Cristo”
Por: Alejandro Bullón

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