«Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera». Juan 17: 5

CRISTO ERA UNO con el Padre antes de la fundación del mundo. Esta es la luz que brilla en medio de las tinieblas, haciéndolas resplandecer con la divina gloria primitiva.— Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 894.
Cristo es el preexistente Hijo de Dios que tiene vida en sí mismo [.. .]. Al hablar de su preexistencia, Cristo transporta nuestra mente hacia el pasado a través de los siglos sin fin. Nos asegura que nunca hubo una época cuando él no estuviera en íntimo compañerismo con el Dios eterno […].
Su vida divina no puede ser calculada por cómputos humanos. La existencia de Cristo anterior a su encarnación, no puede ser medida por cifras.— Signs of the Times, 3 de mayo de 1899.
Era igual a Dios, infinito y omnipotente.— El evangelismo, cap. 18, p. 460.
El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad [.. .]. Él era la gloria excelsa del cielo, el soberano de las inteligencias celestiales y recibía el homenaje de los ángeles con justo derecho [… ].
Cristo era Dios en su esencia y en el más alto sentido de la palabra. Era con Dios desde la eternidad, Dios sobre todo, bendito para siempre.— Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 894.
Pero se humilló a sí mismo y se revistió de mortalidad. Como miembro de la familia humana, fue mortal; pero como Dios, era el manantial de vida para el mundo [ … ]. Cargó con los pecados del mundo, sufrió las penalidades que como una montaña ago-biaron su alma. Entregó su vida en sacrificio para que el hombre no pereciera para siempre. Murió, no porque estuviese obligado a morir, sino por su propia voluntad.— Ibid., p. 895.
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Devocional Vespertino Para 2021.
«La Fe por la cual vivo»
«LOS TRES DIGNATARIOS DEL CIELO»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Martha González & Joaquín Maldonado
