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Devocion Familiar 2018

Su brazo nos trajo salvación

«Vio que no había nadie y se maravilló de que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo y lo afirmó su misma justicia».
                    _Isaías 59: 16_
En los tiempos del profeta Isaías, Judá estaba inmerso por completo en tinieblas espirituales y morales. El  gran problema era su alejamiento del Dios verdadero. El otro era simplemente el resultado natural de vivir lejos de la única fuente auténtica de poder y salvación.
        ¿Puedes imaginar un pueblo con destino glorioso, nacido para ser «cabeza y no cola», establecido para ser la luz para las naciones, viviendo ahora en medio de la opresión y sin ninguna esperanza de volver a ser el pueblo que un día había sido? (Ver Deuteronomio 28: 13)
         En la crisis decente que vivía Judá, el Señor «vio que no había nadie y se maravilló de que no hubiera quien se interpusiese». Generalmente cuando existe alguna posible solución humana, el ser humano no vuelve los ojos hacia Dios. El hombre agota todos sus recursos, busca sus propias soluciones, fabrica sus propias salidas, y Dios a veces permite que llegue al fondo del pozo para que pueda entender que el socorro viene de arriba.
       Mira a Israel ante el mar rojo. No existía lugar hacia donde ir. De ambos lados había montañas imposibles de escalar, por detrás el enemigo implacable y por delante las aguas profundas y agitadas del mar. No había «intercesor», «nadie que pudiera hacer nada». Sólo entonces el pueblo se acordó de que existe un Dios Todopoderoso y levantó sus ojos a lo alto  de donde viene el socorro.
        En el versículo de hoy no encontramos únicamente la promesa de protección y solución divina en la hora de dificultad. Dentro de ella hay una aplicación espiritual básica para entender el porqué de los repetidos fracasos de nuestra vida. «Lo salvó su brazo y lo afirmó su misma justicia», dice Isaías.
       Dios vuelve a mostrar aquí algo que trata de decir desde el jardín del Edén, cuando quitó de Adán y Eva las miserables hojas de higuera (justicia humana) para cubrirlos con la piel del cordero (justicia de Jesús):  Cuando como hombres queremos hacer las cosas bien únicamente con nuestras fuerzas, sin vivir una vida diaria de comunión con Jesús, con toda seguridad nuestra vida será una sucesión de fracasos o, en la mejor de las hipótesis, una sucesión de victorias de arena, una falsificación, una vida hueca, que podrá satisfacer las expectativas de los demás, pero que nos incomodará por dentro.
      Muchas veces, en su infinito amor, Dios permite que descendamos al fondo del pozo para que entendamos una lección muy sencilla: «Lo salvó su brazo y lo afirmó su misma justicia».
¿Por qué luchar solos?
¿Por qué no hacer del *compañerismo de Cristo* el centro de nuestro esfuerzo y atención?
_Por Alejandro Bullón

MatinalFamiliar

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”

 

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