«Porque la fe de ustedes es como el oro:
su calidad debe ser probada por medio del fuego.
La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir.
De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación,
gloria y honor cuando Jesucristo aparezca».
1 Pedro 1: 7, DHH
EL ORO ES PROBADO en el fuego para purificarlo de la escoria; pero la fe que se purifica mediante las pruebas vale más que el oro refinado. Consideremos entonces las pruebas en forma razonable. No pasemos por ellas murmurando y descontentos. No cometamos errores al querer librarnos de ellas. En el tiempo de prueba debemos aferrarnos a Dios y a sus promesas.
Algunos me han preguntado: «¿No se desanima usted cuando experimenta pruebas?». Y yo les contesto: «Si por desánimo usted quiere decir tristeza o abatimiento, sí me desanimo». «¿No le ha hablado usted a nadie de sus sentimientos?». «No. Hay un tiempo para el silencio, un tiempo para mantener la lengua como con una rienda, y yo estaba decidida a no pronunciar ninguna palabra de duda o de oscuridad, para no ensombrecer con la melancolía a aquellos con quienes me relacionaba. Me he dicho a mí misma: Soportaré el fuego del Refinador, no seré consumida. Cuando hable, hablaré de luz; hablaré de fe y esperanza en Dios; hablaré de justicia, de bondad, de amor a Cristo mi Salvador; hablaré para dirigir las mentes de otros hacia el cielo y los temas celestiales, hacia la obra que Cristo hace en el cielo por nosotros y hacia la obra que nosotros hacemos aquí en la tierra por él».— The Review and Herald, 11 de febrero de 1890.
El horno del Refinador tiene que quitar la escoria. Cuando el Refinador vea su imagen reflejada perfectamente en nosotros, nos sacará del horno. No seremos dejados para ser consumidos, o para soportar la prueba ígnea más de lo que sea necesario para nuestra purificación. Pero para reflejar la imagen divina es necesario que nos sometamos al proceso que el Refinador eligió para nosotros, para que seamos limpiados, purificados, y para que desaparezca toda mancha y arruga: ni un solo defecto debe quedar en nuestro carácter cristiano. Que el Señor nos ayude […] a permitir que la voluntad y la obra de Dios se cumplan en nosotros.
Entonces […] seremos una luz en nuestro hogar, un rayo de sol. […] ¡Miremos hacia arriba! Jesús vive, Jesús ama, Jesús se compadece, y él nos recibirá con toda nuestra carga de cuidado y preocupación si acudimos a él y depositamos nuestra carga sobre él. Él ha prometido que nunca dejará u olvidará a aquellos que colocan su confianza en él.— Carta 2, 1870, pp. 9, 10.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

