SOPA CALIENTITA PARA UNA NOCHE FRÍA

 

« Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los qué pertenecen a Cristo Jesús» ». 1 Tesalonicenses 5:18

La abuela estaba enferma. Ya no tenía más fuerzas para hacer bizcochos en las vacaciones o para jugara la mancha en el pasto verdecito del parque.

Recuerdo que cerca de ella nadie podía estar de mal humor, porque enseguida trataba de hacerle cosquillas. Su risa fuerte era como un rayo de sol. Pero vi cómo perdía las fuerzas y cada vez se quedaba más quieta, hasta que solo podía estar acostada en la cama.

Mamá le pasó crema en las manos, y le acomodó las almohadas. Papá se acercó con la sopa de verduras; el humito que subía y entraba en nuestra nariz nos dejó ansiosos por la cena. Jamás olvidaré la emoción de ese momento: él tomó una cucharita pequeña y con mirada amable ayudó a su mamá, mi abuela, a alimentarse. ¿Fue una lágrima la que corrió por su rostro? Las lágrimas no solo derraman nuestra tristeza o aparecen cuando nos lastimamos la rodilla; pueden aparecer cuando alguien que nos ama nos sirve sopa. Ella dijo «muchas gracias», pero el abrazo que se dieron reveló que agradecer forma parte de toda una vida.

Mi oración: Señor, hoy te agradezco por las personas de mi familia que me cuidan.

Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2025.
“PALABRITAS DEL CORAZÓN” 
Por: «SARAH SUZANE BERTOLLI & ROGERIO CHIMELLO »
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González

Salir de la versión móvil