viernes , 4 septiembre 2026
Matinal Para Damas 2018

SILENCIO

 

‘Quédense quietos. reconozcan que yo soy Dios» (Sal 46: 10)

 

Mi experiencia con el silencio y mi relación con Dios comenzaron con dos episodios muy peculiares de mi vida. Vivía en Baviera en 1978, cuando mi padre vino a visitarnos para poder investigar sobre su genealogía. Sus padres habían emigrado de Eslovaquia a lo que ahora es Croacia, a finales de 1800. Pero papá quería rastrear sus antepasados hasta su país natal. Fuimos a Bratislava, ahora capital de la República de Eslovaquia, pero entonces estaba bajo el régimen comunista. Como parte de nuestra visita, entramos en una iglesia católica, porque era la única iglesia abierta. El interior era previo a la Primera Guerra Mundial, probablemente de mediados del siglo XIX. Sentados en un banco, vimos cómo algunas personas mayores, especialmente ancianas, llegaban, se arrodillaban y oraban. Había un profundo sentimiento de devoción. Esas personas venían a conversar con Dios, en silencio y con reverencia, y esa actitud me hizo pensar en mi propia espiritualidad.

La segunda experiencia fue cuando fui a Tenebrae, que significa «oscuridad» y pude presenciar un ritual también católico, que comienza con velas prendidas, y se va apagando cada una de ellas luego de un himno de reflexión y un período de silencio. Finalmente, la vela más grande, que representa a Cristo, se saca. La iglesia queda en completa oscuridad.

La reverencia que experimenté en aquella oscura y silenciosa iglesia me hizo mucho bien. Al principio, durante los silencios, comencé a orar, pero luego me di cuenta de que las palabras eran superfluas. Tenía que dejar que Dios hablara y me envolviera en el oscuro silencio.

Luego del último himno, el órgano ejecutó un sonido fuerte que representaba el momento en que se corría la piedra para sellar la tumba de Cristo. Apareció una tenue luz y salimos en silencio. Cuando entré en mi auto, para manejar . hasta casa, sentí que mi tiempo con Dios no había terminado. Manejé en silencio, envuelta en la presencia de Dios. Dios nos habla a través de la elocuencia del silencio, y en los lugares que menos pensamos. Teresa de Calcuta dijo: «Necesitamos encontrar a Dios, y él no se encuentra en el ruido y la agitación. Dios es amigo del silencio. Nota cómo la naturaleza: los árboles, las flores, el pasto, crecen en silencio; mira las estrellas, la luna y el sol, cómo se mueven en silencio Necesitamos del silencio para poder tocar almas».

GLORIA DURICHEX GYURE

es profesora de inglés jubilada e ingeniera de Sistemas.

Vive en Colorado,EE. UU.

 

 

 

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”

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