domingo , 19 abril 2026
Notas de Ellen G. White 2023

SI OBEDECES CABALMENTE

El  libro  de  Deuteronomio   debiera  ser  cuidadosamente  estudiado por los que  viven  hoy en la tierra. Contiene un registro de  las  instrucciones dadas  a Moisés  para que él  las  transmitiera  a los  hijos  de Israel. En él  se repite  la  ley …

La ley  de  Dios debía ser repetida  con frecuencia  a Israel.  Para que no se olvidaran  sus preceptos,  debía  ser mantenida  delante  del  pueblo y siempre  había  de ser exaltada  y honrada.  Los padres  debían  leerla  a sus hijos, enseñándosela  línea  tras  línea,  precepto  tras  precepto.  Y  en ocasiones  públicas, la  ley  había  de  ser  leída para  que  la oyera  todo el pueblo.

La prosperidad  de Israel  dependía  de su obediencia  a esta  ley.  Si eran obedientes,  les  iba a dar vida;  si  eran desobedientes, muerte.

Si  Israel  hubiese  obedecido  las directivas que  le fueron  dadas por Moisés,  ninguno  de  los  que  comenzaron  el  viaje  al  salir  de  Egipto hubiera  caído  en  el  desierto  presa  de  la  enfermedad   y  de  la  muerte. Estaban  bajo un Guía seguro.  Cristo  se había comprometido a guiarlos a salvo  a  la  tierra  prometida  si seguían  su dirección  (Comentarios  de Elena G.  de White  en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, pp.  1131,  1132).

La fe que es para salvación  no es una fe casual, no es el mero consentimiento del intelecto; es la creencia  arraigada  en el corazón que acepta  a Cristo  como  a un Salvador  personal,  segura  de  que él puede salvar perpetuamente a todos los  que acuden a Dios mediante  él. Creer que él  salvará a otros pero  que no te salvará  a ti, no es fe  genuina.  Sin embargo,  cuando el alma se aferra de Cristo como de la única esperanza de salvación,  entonces  se manifiesta  la fe genuina.  Esa fe induce  a su poseedor a colocar todos los afectos del alma en Cristo.  Su comprensión está bajo el dominio del Espíritu  Santo y su carácter  se modela de acuerdo con  la  semejanza  divina.  Su fe  no es muerta,  sino  una fe  que  obra por el amor y lo  induce a contemplar la belleza  de Cristo y a asimilarse al  carácter   divino.   Se  cita  Deuteronomio   30: 11-14.  «Y  circuncidará Jehová  tu Dios tu corazón,  y el corazón  de tu descendencia,  para  que ames a Jehová  tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma, a fin de que vivas».  Deuteronomio  30:6  (Mensajes selectos, t.  1, pp.  458, 459).

El que tiene el amor de Dios derramado  en el corazón,  reflejará la pureza  y el amor que existen  en Jehová, y que Cristo manifestó en este mundo.  El  que  ama  a Dios  en  su corazón  no  tiene  enemistad  contra la  ley de Dios, sino que  rinde  obediencia voluntaria a todos sus mandamientos, y esto es  lo que  constituye el cristianismo. El que ama  en forma  suprema  a Dios,  revelará  amor a sus semejantes que pertenecen a Dios tanto por la creación  como por la redención. El amor es el cumplimiento  de la  ley;  y es deber  de todo hijo  de  Dios prestar obediencia a sus mandamientos …

La  ley  de  Dios,  que  es  perfecta  santidad,  es  la  única  verdadera norma  de carácter.  El amor  se expresa en la  obediencia, y el amor  perfecto  echa fuera el  temor (Hijos e hijas de Dios, p. 53).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 2: «PARTE DE LA FAMILIA DE DIOS»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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