El sábado se hizo para el ser humano y no el ser humano para el sábado (Marcos 2: 27)
Era sábado de tarde. Estaba caminando con unos amigos por las calles cercanas a los muros de la ciudad vieja de Jerusalén. El día anterior, viernes, habíamos estado paseando por un ruidoso mercado judío. Entre la multitud que iba y venía, muchas personas pasaban apuradas para prepararse para el Shabbat; sin embargo, ahora, el silencio reinaba por todas partes. Centros comerciales, negocios y tiendas en general estaban cerrados. En las calles residenciales casi no había autos, porque los judíos ortodoxos no manejan durante el Shabbat, ya que consideran prohibido realizar actividades como encender motores o usar electricidad. Padres, madres e hijos pequeños caminaban con ropas que les cubrían los hombros, las rodillas y los brazos. Muchas mujeres se cubrían el cabello con pañoletas o pelucas; los hombres tenían largas barbas y llevaban sombrero o kipá; y las niñas usaban largos vestiditos.
De repente, cruzando la calle, un joven judío ortodoxo me miró con rabia y escupió en mi dirección. Mi amiga me dijo: Mirian, tu vestido no tiene mangas y llevas una mochila a la espalda. Ese día, el termómetro marcaba cerca de los 40 °C, por eso yo había elegido un vestido liviano que, aunque me llegaba a los pies, no tenía mangas. En la mochila llevaba una botella de agua, una gorra y una merienda. Curiosamente, esa semana, el tema de la lección de la Escuela Sabática era: El sábado: un día de libertad.
El sábado fue el acto final de la creación, que hizo que el descanso formara parte de nuestro mundo, pero el mandamiento aclara que ese descanso debe ser para reforzar nuestra intimidad con Dios y nuestras relaciones con el prójimo. El hecho de que no deberíamos hacer trabajo para nuestra subsistencia en el día sábado es un recordatorio de la gracia y la provisión divinas. ¿Recuerdas el maná? Caía doble porción los viernes, pero no caía nada los sábados; esa era una lección de confianza en el Dios que nos cuida. Ningún siervo ni ninguna visita debía trabajar en sábado. Ese día no solo debe beneficiarse el pueblo de Dios, sino todos aquellos con quienes interactuamos y también los que nos sirven.
Recién salidos de la esclavitud, el sábado era para los israelitas un recuerdo semanal de Aquel que los había libertado, creado y que los había elegido para propósitos elevados. Actualmente, aun cuando ese día haya sufrido interpretaciones distorsionadas (tanto en el sentido de ignorarlo como en el de convertirlo en una carga), sigue siendo un recordatorio semanal de nuestra conexión con Dios y con el prójimo. Guardar el sábado es una respuesta de amor de los que aman a Dios y esperan el regreso de Jesús.
www.meditacionesdiarias.com
https://www.facebook.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
