VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
«No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal» ( Romanos 12:21).
MENSAJE: Servimos a Dios al amar a quienes se nos hace difícil amar.
¿Te gustaría ser completamente feliz? ¿Te gustaría sentirte contento y bendecido incluso cuando alguien te trata injustamente? Este es el secreto de Jesús para ser siempre felices, a pesar de las circunstancias.
Intenta imaginar cómo sería vivir en la Palestina de los tiempos de Jesús. Imagínate las sonrisas y los juegos de los niños en la calle, tal vez trepando a los árboles o charlando entre amigos. Mientras que las mamás preparaban el almuerzo, los papás trabajaban en el taller. Hasta que un día, de pronto, todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo y se dirigieron, expectantes, al mismo lugar. Acababan de recibir una gran noticia: i Jesús estaba en su ciudad! No podían contener las ganas de escuchar lo que tenía que decirles.
Jesús se sentó en la ladera de la montaña, en un lugar desde el cual todo el mundo pudiera oírlo bien. Sonriendo a la multitud, comenzó a hablar. Todo lo que Jesús decía era nuevo y fascinante.
Ese día en concreto, habló sobre la felicidad. i Qué maravilla! ¿Quién no quiere ser feliz? ¿Quién no quiere ser bienaventurado? Pero hay un problema: para la mayoría de la gente, ser bienaventurado quiere decir ser rico, famoso, atractivo o muy inteligente. Pero Jesús dijo algo bien distinto sobre lo que significa ser feliz y bienaventurado.
Jesús comenzó diciendo: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5: 3, RV95). Qué comentario tan raro, ¿verdad? ¿A quién se le ocurre que haya algo de bienaventurado en ser pobre? ¿Acaso no es el rico el que es bienaventurado? Pues no. De hecho, normalmente la gente que es rica o famosa no es lo suficientemente humilde como para darse cuenta de que necesitan a Dios. Y una vida sin Dios no es una vida feliz ni bienaventurada.
Jesús dijo que son «bienaventurados los pobres en espíritu», porque esos son los que se dan cuenta de que necesitan a Dios. Solo los que le piden a Dios que los dirija e intervenga en su vida, son los que reciben la bendición de su presencia. «Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» (versículos 4 a 6), continuó diciendo Jesús. Piensa en el significado de estas palabras. Son bienaventurados los que quieren conocer a Dios tanto como anhelan comer o beber. Nada puede satisfacer la sed y el hambre excepto el agua y la comida. Pues igual sucede con la espiritualidad: nada en este mundo, aparte de Jesús, puede satisfacer la necesidad más profunda de nuestro corazón; solo Jesús puede llenar tu alma. Él es el único que puede alegrarte cuando estás triste; calmarte cuando estás preocupado; y hacerte sentir su presencia cuando estás solo. Una vida con Jesús es una vida emocionante, pacífica y feliz.
Jesús miró a la multitud y continuó hablando: «Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios». ¿Quieres ser un hijo de Dios? Pues sé un pacificador. Incluye en tu grupo de amigos a ese compañerito o compañerita de la clase que tal vez no es muy interesante ni te cae muy bien. Sé amigo de todo el mundo. Entonces, sentirás verdadera felicidad en tu corazón.
«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo» (versículos 10-12).
Son bienaventurados, es decir, felices, los que hacen lo que es correcto incluso cuando los tratan injustamente. Sí, es difícil hacer lo correcto cuando te tratan incorrectamente. Tal vez incluso se rían de ti por querer hacer lo que es correcto. Pero no te desanimes. Ora a Jesús para que te dé la sabiduría que necesitas y mantente firme, sean cuales sean las circunstancias.
Jesús también habló de lo que hoy conocemos como la regla de oro. Dijo así: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mateo 7: 12). En otras palabras: Jesús nos llama a tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros. Tal vez tus amigos te digan que debes vengarte de todo el que te haga algo malo, o que tienes que ignorar a esa persona; pero Jesús te pide que seas especialmente amable con quienes han sido injustos contigo. ¿Te imaginas cómo sería la escuela, o tu casa, si todo el mundo pusiera en práctica la regla de oro? Hemos de orar, no solo por nuestros amigos y seres queridos, sino por los que nos tratan mal. Jesús nos dará entonces la sabiduría y el poder que nos hacen falta para amar a nuestros enemigos.
Jesús no solo quiere que hagamos buenas obras o que evitemos hacer lo malo; quiere cambiar nuestros corazones completamente, para que aprendamos a amar a Dios sobre :odas las cosas y a los demás como a nosotros mismos. Si decides intentarlo, Jesús te dará fe que necesitas, y te inspirará a decir lo que debes decir en situaciones difíciles.
¿Quieres ser feliz y bienaventurado ? Invita a Jesús a tu vida para que puedas tratar a los demás como deseas que ellos te traten a ti: con amor incondicional.
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Lección de Escuela Sabática para MENORES.
1er. Trimestre 2021 <LA GRACIA DE DIOS TRASPASA FRONTERA>
Lección 3: «SER VERDADERAMENTE FELIZ»
Colaboradores: Karla González & Antonio Orellana
