Así que hermanos míos estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano. (1 Cor. 15:58)
Los que se yerguen en defensa del honor de Dios, y mantienen la pureza de la verdad a cualquier costo, sufrirán infinidad de aflicciones, tal como sufrió nuestro Salvador en el desierto. Los temperamentos débiles, que no tienen valor para condenar el mal, y guardan silencio cuando se necesita que se yergan en defensa del bien en cualquier situación, podrán evitarse muchas preocupaciones y librarse de muchas aflicciones, pero también perderán una rica recompensa, si no su propia alma. Los que de acuerdo con la voluntada de Dios y por fe en él reciben fuerza para resistir al mal, y se yerguen en defensa de la verdad, siempre afrontarán recias luchas y con frecuencia tendrán que luchar solos. Pero lograrán valiosísimas victorias mientras se apoyen en Dios. Su gracia será su fortaleza. Su entendimiento moral será claro, agudo y sensible. Sus facultades morales capaces de contrarrestar las influencias malas. Su integridad será del carácter más puro, como la de Moisés. (RH, 29-09-1873) Se necesitará valor moral para hacer la obra de Dios sin ceder un ápice, Los que hagan tal no admitirán la vanidad, el egoísmo, la ambición, el amor y la comodidad, ni el deseo de evitar la cruz. …¿Obedecemos su voz o escucharemos la arrulladora voz del Espíritu Santo y nos dejaremos mecer hasta caer en el letargo fatal en vísperas de las realidades eternas? (RH, 07-02-1893) Nuestro Salvador anhela salvar a los jóvenes…El aguarda para colocar sobre sus cabezas la corona de vida, y oír sus voces unidas atribuyendo honor, gloria y majestad a Dios y al Cordero, al entonar himnos de victoria que repetirán sus ecos por los atrios celestiales. (RH, 26-08-1884) (331)
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“Mi Vida, Hoy”
Octubre: Una Vida Reverente.
Por: Elena G. de White
