«Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis
responder a cada uno»
Colosenses 4:6.
La forma más común quo tienen los humanos para pecar es por medio de las palabras. Todos los que tienen el don del habla enfrentan un tremendo desafío: frenar la lengua. Lo más usual es que primero hablen y luego piensen; mucho de lo que dicen es automatizado, cosas que resuelven diariamente; pero también son acciones que se han aprendido con el paso del tiempo, haciéndose un hábito. Estas acciones se pueden traducir a palabras.
Por ejemplo, la persona acostumbrada a enojarse con facilidad contestará con palabras fuertes o groseras automáticamente porque lo ha hecho toda su vida. Decirlas será solo una reacción normal en su vida. Esto también puede suceder al contrario: una persona puede estar acostumbrada a responder sensatamente con frases agradables como <<Gracias>>, <<Es usted muy amable>>, <<Cariño>>, «Que pase un buen día», «Por favor», etcétera.
Responder con gracia y sazonar las palabras es darle un sabor agradable a la conversación. Una conversación con palabras ásperas produce amargura, resentimiento, temor y odio; dejando un mal sabor de boca, y dañando la estima propia y la salud. El cuerpo queda enfermo, deseando no haber tenido esa conversación. Sin embargo, una conversación con gracia —sazonada con sal de la buena vida— produce alegría, gozo, complacencia, amor al prójimo y deseos de seguir hablando con esa persona; dejando un buen sabor de boca, un cuerpo alegre y sano.
Independientemente de quién seas, Dios te invita a valorar cómo son tus palabras con tu esposa o con tu esposo, con tu familia, con tus amigos, con tus compañeros de frabajo, con tus vecinos y con las personas con las que te encuentres en la vida. ¿Desean ellos seguir hablando contigo? ¿Aprecian tu conversación o la evitan? Sé agradable, que todo el mundo quiera hablar contigo y que tus palabras sean siempre con gracia.
El único que puede hacer de ti una persona que controla sus palabras y su lengua, alguién que hable siempre con gracia, es Jesús; él puede transformar tu vida. Ven a Jesús; solo él te puede cambiar o mejorar, porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Anita Santillán y Silvia García F.
