«Y sucedió que le llevaron un paralítico tendido sobre una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados»». Mateo 9: 2
JERÓNIMO era un buen esposo y un padre ejemplar. Pero no aceptaba a Jesús. Su esposa, doña Juana, decía que la única cosa que faltaba para que el hogar fuese realmente feliz era que Jerónimo decidiera entregar su vida a Cristo. Pero los años pasaban y Jerónimo no tomaba la decisión. Era un hombre correcto, un ciudadano cumplidor de sus deberes, asistía de vez en cuando a los cultos de la iglesia, pero nunca respondía a un llamado para aceptar a Jesús y unirse al pueblo de Dios.
Un domingo de mañana, mientras él y la familia se preparaban para salir de paseo, fue sorprendido por un horrible dolor de cabeza. Lo llevaron al hospital y el diagnóstico fue: derrame cerebral.
Cuando salió del hospital estaba todo deformado, no podía andar por sí solo y tuvo que usar una silla de ruedas para ser transportado de un lado al otro. En esas circunstancias aceptó a Jesús y pidió el bautismo.
Un sábado de tarde tuve la alegría de bautizar a Jerónimo. Dos diáconos lo levantaron y lo hicieron descender a las aguas del bautismo. Podría haber llegado por sus propios medios, con sus propios pies, pero postergó la decisión, y cuando la tomó fue necesario que lo llevaran a la pila bautismal. En el versículo de hoy encontramos una situación parecida. «Le llevaron un paralítico tendido sobre una camilla». Se trataba de un hombre que había vivido una vida
El resultado de la vida pecaminosa de ese hombre comenzó muy pronto a manifestarse en síntomas físicos. La parálisis comenzó a adueñarse de su cuerpo y quedó postrado en el lecho del sufrimiento. En medio del dolor y frente a la desesperación de sentirse inútil era atormentado incesantemente por la culpa.
Fue entonces cuando despertó a las cosas espirituales y manifestó la decisión de aceptar a Jesús. solo que ya no podía ir a Jesús por sus propias fuerzas, se necesitó que otras personas 10 llevaran. El milagro sucedió. Jesús perdono sus pecados y el volvió a su casa andando. de pecado. No era la primera vez que sentía la invitación de Cristo. Cuando todavía estaba físicamente bien había oído muchas veces la voz del Espíritu Santo trabajando en su corazón. Pero estaba totalmente amarrado a hábitos y vicios. Era una situación que lo envolvía por todos los lados. Alguna cosa, allí adentro le decía que no podía jugar con el pecado, que la vida que estaba viviendo no lo llevaría a ningún lugar bueno, que estaba cavando su propia sepultura. Pero quien entra en la rueda del pecado no sale nunca, a menos que voluntariamente permita que Cristo opere un milagro.
¿Vendrás hoy a Jesús andando con tus propios pies? ¿O esperarás que llegue el día en que sean otros los que te traigan? ¡La decisión es tuya’ Y tiene que tomare.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
