– ¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Ven rápido! ¡Hay Fuego en el establo! -gritaba Manuel-. ¡Tenemos que salvar a los animales!
El abuelo llamó a los bomberos y abrió la puerta lo más rápido que pudo para sacar a los animales.
También abrió la llave que se conectaba con la manguera. La confusión era grande. De pronto, Manuel oyó un piar Y fue a ver. Encontró a la mamá gallina quemada, pero con sus alas bien abiertas. Debajo de ellas estaban sus pollitos muy juntitos, ¡y contentos!
¿Y yo?
El rey David le pedía a Dios que lo protegiera, como las aves cuidan a sus crías: debajo de sus alas.
Mi oración para hoy
Señor, yo también quiero que me guardes debajo de tus alas.
En la Biblia leemos:
«Quiero vivir en tu casa para siempre, protegido debajo de tus alas» (Salmo 61: 4).
«CADA DÍA CON JESÚS»
Por: Maria Augusta Lopes, Lara Figueiredo, Paulo Sérgio Macedo
