Nuestra ropa debe ser limpia. El desaseo en el vestir es contrario a la salud, y por lo tanto contamina el cuerpo y el alma.
“¿No sabéis que sois templo de Dios?… Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él” (Corintios 3:16, 17).
En todo sentido debemos vestir conforme a la higiene.
“Más que todas las cosas” (3 Juan 2), Dios quiere que tengamos salud, salud del cuerpo y del alma. Debemos colaborar con Dios para asegurar la salud del alma y del cuerpo. Ambas son promovidas por la indumentaria saludable.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 12—LOS VESTIDOS Y LOS ADORNOS—Capítulo 119—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
