Dios, satisfacción del alma
Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.
- ¡Dios, Dios mío eres tú! ¡De madrugada te buscaré! Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas,
- para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.
- Porque mejor es tu misericordia que la vida, mis labios te alabarán.
- Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos.
- Como de médula y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca,
- cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche,
- porque has sido mi socorro y así en la sombra de tus alas me regocijaré.
- Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido.
- Pero los que para destrucción buscaron mi alma caerán en los sitios bajos de la tierra.
- Los destruirán a filo de espada; serán presa de los chacales.
- Pero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que jura por él, porque la boca de los que hablan mentira será cerrada.
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Tomado de la: Biblia versión Reina Valera 1995
Un versículo cada día
Reavivados por su palabra
Colaboradores: Samuel F. Cueto y Yanery Vidal
