«La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro».
Romanos 6: 23
Originalmente el ser humano estaba dotado de una capacidad portentosa y de una mentalidad equilibrada; era perfecto y estaba en armonía con Dios; sus pensamientos eran puros, sus propósitos, santos. Sin embargo, por su desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo reemplazó al amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Satanás lo convirtió en su esclavo, y habría permanecido así para siempre si Dios no hubiera intervenido de una manera especial. El tentador quería desbaratar el propósito que Dios había tenido cuando creó al hombre. Así iba a llenar la tierra de sufrimiento y desolación, para luego señalar todo ese mal como resultado de la obra de Dios al crear al hombre y a la mujer.— El camino a Cristo, cap. 2, pp. 25, 26.
El Espíritu Santo describe nuestracondición diciendo: «Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados» (Efe. 2: 1). «Tienen herida toda la cabeza, han perdido las fuerzas por completo. No hay nada sano en ustedes» (Isa. 1: 5, 6). Satanás nos ha hecho caer en «la trampa» y nos «tiene cautivos, sumisos a su voluntad» (2 Tim. 2: 26). Dios quiere sanarnos y libertarnos. Pero como esto exige una transformación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos por completo a él.
La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. Rendir el yo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha, Ahora bien, para que el alma sea renovada en santidad, ha de someterse antes a Dios.
Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea tributado voluntaria e inteligentemente. Una mera sumisión forzada impedirá todo desarrollo real de la mente y del carácter: haría de las personas simples autómatas. Este no es el designio del Creador. Él desea que el ser humano, que es la obra maestra de su poder creador, alcance el máximo desarrollo posible. Nos presenta la gloriosa altura a la cual quiere elevarnos mediante su gracia. Nos invita a que nos entreguemos a él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros. Por nuestra parte nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para compartir «la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom. 8: 21).— Ibid., cap. 5, pp 65-67.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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