« Señor, ponle a mi boca un guardián» Salmo 141: 3

Las salamandras de boca pequeña se parecen mucho a la corteza moteada de los árboles, por lo que son muy difíciles de ver en los bosques donde a veces viven. Como probablemente adivinarás por su nombre, la cabeza y la boca de esta salamandra son diminutas. Las hembras pueden poner hasta 700 huevos a la vez en el agua y siempre los adhieren a palos, hierba o rocas bajo el agua. Cuando eclosionan, las crías solo miden unos dos centímetros.
A diferencia de otras salamandras, las de boca pequeña no muerden para protegerse. En lugar de eso, levantan la cola como una bandera y la agitan de un lado a otro. Son tímidas y sensibles, y no les gusta que las molesten.
Nosotros hemos de aprender a tener la boca pequeña, es decir, debemos saber cerrar la boca a tiempo, y tener cuidado con lo que decimos y cómo actuamos.
¿Qué mensaje estás enviando con tu boca? Jesús te puede ayudar a controlado que dices y cómo lo dices, solo tienes que pedírselo.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2024.
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Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González